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lunes, 24 de septiembre de 2012

5 Moradas


"¡Oh hermanas!, ¿cómo os podría yo decir la riqueza y tesoros y deleites que hay en las quintas moradas? Creo fuera mejor no decir nada de las que faltan, pues no se ha de saber decir ni el entendimiento lo sabe entender ni las comparaciones pueden servir de declararlo, porque son muy bajas las cosas de la tierra para este fin.
Enviad, Señor mío, del cielo luz para que yo pueda dar alguna a estas vuestras siervas, pues sois servido de que gocen algunas de ellas tan ordinariamente de estos gozos, porque no sean engañadas, transfigurándose el demonio en ángel de luz, pues todos sus deseos se emplean en desear contentaros. Y aunque dije «algunas», bien pocas hay que no entren en esta morada que ahora diré
". (5M 1,1)

Estamos ya en las quintas moradas. Teresa ha vivido, no sin sorpresa, un proceso de cambio en la propia vida, remodelada por una fuerza superior, operando una misteriosa reinserción de su persona entera -cuerpo y alma- en la esfera trascendente de la vida de Dios. Pero la unión del hombre con Dios pasa a través de la muerte: una manera de muerte radical a la anterior forma de vida humana, tan arraigada a lo terrestre, tan limitada por el lastre del mal y del pecado.

Este paso por la muerte es para renacer a otra manera de vivir, con horizontes nuevos, con psicología nueva, con nueva apertura a lo trascendente. Quien hace esta obra es Dios; y es una actuación absolutamente gratuita.

Para Teresa, el hombre "pobre gusano, grande y feo", nace para convertirse en mariposa, blanca y maravillosa. Una mariposa nacida para volar y ser libre. Así entiende ella el sentido profundo de su existencia. Pero de la misma manera que el feo gusano de seda tiene que pasar por la oscuridad del caparazon, así la persona ha de pasar por la muerte al hombre viejo, para nacer lleno de la vida nueva en Dios. Las quintas moradas, es el comienzo de una nueva vida; la fuerza de Dios actúa incluso en las zonas interiores de la persona que se resisten a la vida nueva, y eso provoca a veces sufrimiento, un sufrimiento que es el presagio de una vida nueva en libertad y amor.

miércoles, 5 de septiembre de 2012

De "beatas intrigantes" y otras especies


María Magdalena el la película "La Pasión" de Mel GibsonUsando la terminología y los grados que usa Santa Teresa,  podemos decir, que en las terceras moradas viven la mayoría de los cristianos que “cumplen” los mandamientos, y se toman un poco en serio su vida cristiana.  Santa Teresa los llama “personas concertadas” porque tanto su vida de oración como su vida diaria de trabajo y de relaciones personales las tienen muy bien organizada y medida. Son estos cristianos de cumplir normas y de querer que otros las cumplan. El problema de estos creyentes, no son las normas, que en muchos casos son medios para lograr un fin. El problema es que estos creyentes viven muy seguros en ellas, pensando que haciéndolas son buenos cristianos. Santa Teresa cala muy bien a estos creyentes: “En las personas que digo, no es así sino que canonizan ­como he dicho­  en sus pensamientos estas cosas, y así querrían que otros las canonizasen” (3M 2, 3). Suelen ser personas malhumoradas, hipercríticas, que no aguantan más perfección que la suya. ¿Quién es un buen cristiano? Responden: “el que es como yo”.

El que esto escribe se sorprende de los comentarios que hacen muchos “buenos cristianos” en foros y páginas religiosas, que están llenos de violencia y agresividad. A estos cristianos santa Teresa los compadece diciendo que “Querrían a todos tan concertados como ellos traen sus vidas, y plega a Dios que no piensen que la pena que tienen es de la culpa ajena y la hagan en su pensamiento meritoria” (3M 2, 5) Por eso, como explicábamos en capítulos anteriores, santa Teresa quiere la amistad espiritual, que ayuda a ver las faltas propias y a discernir en comunidad los caminos de Dios. Este es el sentido de la obediencia que propone santa Teresa a todos, “aunque no sean religiosos”

El caso es que estos cristianos de las terceras moradas, tienen el peligro de caer en la crítica despiadada y de convertirse en auténticas “beatas intrigantes”. Es un poco el pecado de los fariseos, que centrándose en las normas y el culto, olvidan lo importante: el amor. Son personas que están llenas de celo porque los demás conozcan y amen a Jesús, pero no se dan cuenta que su corazón aun está lejos del amor del Evangelio. Les falta paciencia, y sobretodo necesitan todavía un camino de conversión.  Se dejan llevar por el celo malo que tan bien describe san Benito; este celo mal, nace de personas con corazón de piedra y hielo: “Así como hay un mal celo de amargura que separa de Dios y lleva al infierno,  hay también un celo bueno que separa de los vicios y conduce a Dios y a la vida eterna.  Practiquen, pues, los monjes este celo con la más ardiente caridad,  esto es, "adelántense para honrarse unos a otros"; tolérense con suma paciencia sus debilidades, tanto corporales como morales; obedézcanse unos a otros a porfía; nadie busque lo que le parece útil para sí, sino más bien para otro; 8 practiquen la caridad fraterna castamente; teman a Dios con amor;  amen a su abad con una caridad sincera y humilde;  y nada absolutamente antepongan a Cristo,  el cual nos lleve a todos juntamente a la vida eterna” (R. B. 72)

Santa Teresa también nos da un consejo lapidario: “Miremos nuestras faltas y dejemos las ajenas, que es mucho de personas tan concertadas espantarse de todo; y por ventura de quien nos espantamos, podríamos bien deprender en lo principal; y en la compostura exterior y en su manera de trato le hacemos ventajas; y no es esto lo de más importancia, aunque es bueno, ni hay para qué querer luego que todos vayan por nuestro camino, ni ponerse a enseñar el del espíritu quien por ventura no sabe qué cosa es; que con estos deseos que nos da Dios, hermanas, del bien de las almas podemos hacer muchos yerros; y así es mejor llegarnos a lo que dice nuestra Regla: «en silencio y esperanza procurar vivir siempre», que el Señor tendrá cuidado de sus almas” (3 M 2, 13)

lunes, 3 de septiembre de 2012

3 Moradas (III)


Teresa nos presenta algunas consignas para este tiempo de prueba. Son ayudas, para una etapa que como hemos ido comentando es compleja, dificil y hasta agotadora.

Lo primero que Teresa nos recomienda es la humildad. Para Teresa, ésta es una consigna básica, y sobre ella volverá hasta el final del libro. Santa Teresa nos recomienda humildad en la sequedad en la oración, cuando nos vemos sin fuerzas, cansados de obrar el bien, inclinados a lo malo. De aquí no debe de nacer la desesperación, sino la confianza de que la obra es de Dios y Él la llevará a su termino. Por eso nos dice: " El Señor os lo dará a entender, para que saquéis de las sequedades humildad y no inquietud, que es lo que pretende el demonio; y creed que adonde la hay de veras, que, aunque nunca dé Dios regalos, dará una paz y conformidad con que anden más contentas que otros con regalos; que muchas veces ­como habéis leído­  los da la divina Majestad a los más flacos; aunque creo de ellos que no los trocarían por las fortalezas de los que andan con sequedad". Para Teresa siempre es más segura vida cristiana con sequedad, es decir, sin fervores ni sentimientos, que una vida cristiana que se basa en gustos, revelaciones, y que se mueve por el placer que le provoca el bien, la piedad o los actos de la religión. La humildad es la que nos ayudará a no desanimarnos, y a dejar a Dios hacer su obra: "humildad, que es el ungüento de nuestras heridas; porque, si la hay de veras, aunque tarde algún tiempo, vendrá el cirujano, que es Dios, a sanarnos". El tiempo de consuelos pasa, y, después sólo nos queda vivir en la fe, hacer cada día la voluntad de Dios, aunque con frecuencia nos sintamos inclinados a lo contrario.

Otra consigna elemental es la obediencia. Es una consigna inesperada para el lector común. Pero para Teresa es fundamental la amistad, el compartir la vida cristiana con otros, especialmente con los que han hecho ya un camino. Teresa hablará de los cinco "que nos amamos en Cristo". De "hacerse espaldas unos a otros. Y "no es tiempo de seguir a todos, sino a aquellos que lleven la  vida de Cristo". En realidad se trata de evitar el aislamiento y la autosuficiencia: hacer amistad con quien esté ya en las moradas superiores. E insiste Teresa en que no busquemos aquellos que son de nuestra cuerda, los que nos alaban todo lo que hacemos, sino aquellos que de verdad llevan una vida consecuente con el seguimiento de Jesús.

La tercera consigna es poner los puntos sobre las íes. Teresa no se anda con rodeos, ni le gusta el folclore, aunque sea religioso. La vida cristiana no se juega en las cosas externas, ni siquiera en las piadosas; sino que la vida cristiana se juega en cumplir la voluntad de Dios, en practicar las virtudes sobre todo el amor: "Y creedme que no está el negocio en tener hábito de religión o no, sino en procurar ejercitar las virtudes y rendir nuestra voluntad a la de Dios en todo, y que el concierto de nuestra vida sea lo que Su Majestad ordenare de ella, y no queramos nosotras que se haga nuestra voluntad, sino la suya".


viernes, 31 de agosto de 2012

3 Moradas (II)


En el castillo, las terceras moradas son un seguro de vida sólo si el morador de ellas deposita toda su confianza en Dios. Educarse en el arte de una confianza ilimitada en él es tarea de esta jornada espiritual. Sólo la ilimitada confianza en Él podrá salvarnos de la inestabilidad e inseguridad permanenete de uno mismo.

Castillo de GravensteenEl morador de las terceras moradas debe entrenarse en la tarea compleja de la generosidad, de cara a Dios y a los hermanos. No sólo ofrecer y ofrecerse, sino recuperarse de la humillación, del fracaso y de las incoherencias de la propia generosidad. Debe entrenarse en algo más dificil: en aceptar que Dios tome la iniciativa más allá de sus proyectos de generosidad.

La etapa que Teresa está describiendo corresponde a una especia de "adolescencia espiritual". El adolescente espiritual se cree muy seguro de sí mismo, de su propia fuerza, de sus actos, tiene la convicción (quizá oculta) de que la iniciativa le corresponde a uno mismo y Dios y su amor pasan inevitablemente a un segundo lugar. Esfuerzo, lucha y responsabilidad persisturán hasta la última jornada de la vida, hasta la morada postrera del castillo. Pero más allá de nuestros esfuerzos y proyectos, Dios tiene su quehacer en nosotros. Y generalmente se hace presente desbarantando nuestros últimos reductos.

En la óptica de santa Teresa, esta prueba de amor, tiene dos objetivos: evidenciar la precariedad de nuestros esfuerzos ascéticos; y pasarnos a otro ritmo de andadura espiritual. En última instancia, de lo que se trata, es que el secreto de nuestra vida cristiana consiste en abrirnos a la acción de Dios.

miércoles, 29 de agosto de 2012

3 Moradas (I)


¿Quienes viven en estas terceras moradas? Santa Teresa nos lo describe así: "son muy deseosas de no ofender a Su Majestad ni aun de los pecados veniales se guardan , y de hacer penitencia amigas, sus horas de recogimiento, gastan bien el tiempo, ejercítanse en obras de caridad con los prójimos, muy concertadas en su hablar y vestir y gobierno de casa, los que las tienen. Cierto, estado para desear y que, al parecer, no hay por qué se les niegue la entrada hasta la postrera morada ni se la negará el Señor, si ellos quieren, que linda disposición es para que las haga toda merced"(3M 1, 5).

Estas moradas es un periodo de prueba. El hombre de las terceras moradas tiene que pasar la "prueba del amor", liberadora de egoismos y de espejismos narcisistas en la vida espiritual. Ha de fijarse un programa de vida espiritual y de oración, y permanecer en él. Suele ser una persona con celo por llevar a tras personas al conocimiento y amistad con Jesucristo. Tienen sus tiempos de oración, y se dedican al servicio del prójimo en todo lo que tienen. Quizá el problema de estas personas es que son muy "concertadas", es decir, lo tienen todo demasiado planificado, y basan su vida espiritual no en la fe desnuda, sino en los gustos que encuentran en la oración y en una vida humana y espiritualmente ordenada. En estas terceras moradas sobrevienen la sequedaz y la aridez en la oración, es decir, el disgusto y la desgana en las cosas de Dios, que prueban la verdad de nuestro amor y aun de nuestra fe.

El cristiano de las terceras moradas tiene que someterse a misteriosos controles de autenticidad; de la misma manera que el pueblo de Israel fue probado en el desierto 40 años, para ver si permanecían fieles a la Alianza con Dios; o el joven rico que se debate en permanecer en sus riquezas o entrar en la gratuidad del Reino. En estas moradas se vive en riesgo permanente, el creyente tendrá que ir haciendo opciones, muchas veces dolorosas, y sólo apoyado por una fe desnuda, muchas veces sin consuelo. Uno no se fía de Dios, en un momento de consuelo, o de iluminación, sino sólo fiado en la Palabra de Dios, en la que dice que Dios siempre permanece fiel. Teresa nos propone dos personajes bíblicos como modelos: las dos figuras paradigmáticas son David y Salomón: uno, que supera el riesgo; otro que sucumbe en él. Así es el cristiano de las terceras moradas. En su horizonte está la aventura del desierto, para recuperar el primer amor con Yahvé. Pero también las cebollas y los ajos de Egipto lo llaman.

Teresa está convencida de que, en el fondo, todos tendremos que hacer la travesía de una experiencia similar a la suya. Experiencia agridulce de la propia fragilidad. Con alternativas de autosuficiencia e incoherencia. De espejsmos y humillaciones. De firmes determinaciones y dudas envolventes y totales. Es la experiencia de la propia inseguridad radical. Y la necesidad de descubrir la misericordia amorosa de Dios como única tabla de salvación.

domingo, 19 de agosto de 2012

Castillo Interior o las Moradas


Despues de describir la oración Teresiana, vamos a entrar ahora en la obra cumbre de santa Teresa: "El Castillo Interior o las Moradas". Es un libro que termina con 63 años, ya cercano el final de su vida. Pero aquí tenemos más que un libro. Teresa narra con las moradas, el símbolo maravilloso del misterio del hombre. Pero es además, el alma de su autora, que se va desplazando y elevando de morada en morada. Es un programa femenino pero batallador, de la vida cristiana.

En el libro podemos ver tres niveles: a) ver en el libro la propia historia de Teresa: su castillo. b) Leer el mensaje del símbolo o de los símbolos cruzados que ensamblan la obra. c) Leerlo como una descripción de la vida cristiana.

Teresa nos comunica su propia experiencia: cada hombre es un castillo interior como el que ella posee. Un castillo habitado por el mismo Dios.

El hombre es descrito como un gusano de seda. que se puede convertir en mariposa. Pues según Teresa todo hombre y mujer ha nacido para tener alas y elevarse.

El proyecto del libro es claro: el hombre es invitado por Dios a su plenitud, pero una plenitud que nace de la comunicación-amistad, de éste con Dios. Por eso en las últimas páginas del libro su símbolo preferido será el "desposorio y matrimonio espiritual" como plenitud de las relaciones humanas en ela mor, pero al mismo tiempo símbolo realista de la plenitud del hombre enamorado de Dios.