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domingo, 21 de octubre de 2012

La Verdad de Dios


En la historia personal de Teresa, hay un momento en que ella misma tuvo la sensación de haber llegado a la verdad de Dios. Pues para entrar en las moradas séptimas, hay que liberarse de la mentira. Porque en el fondo de todo hombre anida algo de mentira y debe de caer en la cuenta de que Dios es la verdad donde no cabe lugar la mentira. Por eso, el allegarnos a Dios, en ente camino interior no sólo nos libera de nuestras mentiras e ilumina nuestras oscuridades, sino que nos introduce en el espacio focal de la verdad divina. Mentiras y males nuestros deben de quedar aniquilados por esa luz de la verdad que es Él.

De esta iluminación por la verdad de Dios, viene esa oscuridad, que experimenta el creyente. Es la noche oscura sanjuanista, y la noche de la fe que han experimentado muchos de los grandes seguidores de Jesús. A veces parece incluso que se ha perdido la fe, porque la verdad de Dios derrumba nuestras pobres imágenes de Dios, nuestras verdades sobre Él, el mundo y nosotros mismos.

La experiencia radical de la verdad de Dios, que hace libre al hombre, culmina en la humildad. Humildad es el gesto existencial de caminar en la verdad delante de Dios y de los otros, no queriendo que nos tengan en lo que no somos. Ser nada es nuestra radical condición de origen.Nuestro ser es pura deuda: lo hemos recibido. Por eso, Dios está tan implicado en el conocimiento verdadero del hombre. Por eso, la luz de su verdad es indispensable para librarnos de la mentira y andar en verdad.

Santa Teresa lo describe así: "También acaece, así muy de presto y de manera que no se puede decir, mostrar Dios en sí mismo una verdad, que parece deja oscurecidas todas las que hay en las criaturas, y muy claro dado a entender que El solo es verdad que no puede mentir; y dase bien a entender lo que dice David en un salmo, que todo hombre es mentiroso, lo que no se entendiera jamás así, aunque muchas veces se oyera. Es verdad que no puede faltar. Acuérdaseme de Pilatos lo mucho que preguntaba a nuestro Señor cuando en su Pasión le dijo qué era verdad , y lo poco que entendemos acá de esta suma Verdad.
Yo quisiera poder dar más a entender en este caso, mas no se puede decir. Saquemos de aquí, hermanas, que para conformarnos con nuestro Dios y Esposo en algo, será bien que estudiemos siempre mucho de andar en esta verdad. No digo sólo que no digamos mentira, que en eso, gloria a Dios, ya veo que traéis gran cuenta en estas casas con no decirla por ninguna cosa; sino que andemos en verdad delante de Dios  y de las gentes de cuantas maneras pudiéremos, en especial no queriendo nos tengan por mejores de lo que somos, y en nuestras obras dando a Dios lo que es suyo y a nosotras lo que es nuestro, y procurando sacar en todo la verdad, y así tendremos en poco este mundo, que es todo mentira y falsedad, y como tal no es durable"(6M 10, 5-7).

miércoles, 10 de octubre de 2012

¿Qué hacer en las sextas moradas?

Una vez pasada esta prueba será necesario escuchar de nuevo su Palabra. Su llamada será luz que estalla en nuestro interior y lo ilumina para conocer más al Jesús histórico y experimentar su Humanidad. La consigna será “Poner los ojos en Cristo” y esto requiere atención, cuidado, empeño, afición y cariño. Necesitamos una compañía estable en las pruebas de nuestra vida. Dejó que Dios aumente mi amor y mis deseos de Él. Sentirme profundamente amado por Dios. “Te quiero entrañablemente. Te quiero siempre. Hagas lo que hagas en mi compañía y mi amor nunca se separaran de Ti”. Dios nos enseña a amar amándonos. Todo lo anterior ha sido una preparación para esto. Cuando alguien se siente tan profundamente amado le dan ganas de lanzarse a los brazos del Amado con profundo agradecimiento.

Mirando lo que Su Majestad hace con ella y tornándose a mirar así, cuán poco sirve para lo que está obligada, y eso poquillo que hace lleno de faltas y quiebras y flojedad, que por no se acordar de cuán imperfectamente hace alguna obra, si la hace, tiene por mejor procurar que se le olvide y traer delante sus pecados y meterse en la misericordia de Dios, que, pues no tiene con qué pagar, supla la piedad y misericordia que siempre tuvo con los pecadores.(6 M, 5, 5)
Creedme que es lo más seguro no querer sino lo que quiere Dios, que nos conoce más que nosotros mismos y nos ama. Pongámonos en sus manos, para que sea hecha su voluntad en nosotras, y no podemos errar, si con determinada voluntad nos estamos siempre en esto. (6,M, 9, 10)

Recuerdo las Palabras de Dios más fuertes escuchadas en mi vida y me pregunto: ¿Qué me revelan de mí misma, de mi identidad, de Dios, de la misión que me encomienda? ¿Quién es Jesús para mí? Tomo conciencia de mis deseos más profundos ¿Estos se centran y apuntan al deseo de Dios? Le doy gracias porque pone en mí sed de Él.

lunes, 8 de octubre de 2012

La humanidad de Jesús


En tiempos de Teresa, había entre los espirituales una corriente muy fuerte y muy influyente, que decía que para llenar a la unión con la divinad en los estados más superiores, había que prescindir de los corpóreo, e incluso de la humanidad de Jesús. Teresa, que los leyó con fluidez, siguió este camino al comienzo, pero pronto se dió cuenta que ese camino era errado.

¿Qué entiende Teresa por humanidad de Cristo? Humanidad de Jesús para ella, es el Jesús de la historia de la Salvación. Ante todo, el Jesús histórico, enmarcado en tiempo y lugar, y personas y modales: su ser, su hacer, su padecer. Sentimientos interiores y acontecimientos exteriores. Sus palabras y su amor. Su cercanía a los pobres, y su intimidad con los discípulos.

Presta atención especial al misterio Pascual de Jesús, que sufre la Pasión y Resucita glorioso. Y también con expresa ampliación al Jesús del Sacramento Eucarístico. Pero a la vez, humanidad que se integra en el misterio de su persona, en la que "divino y humano junto" constituyen el entramado misterioso de su ser y de su historia.

Para ella, la humanidad de Jesús constituye el centro insuplantable de la vida cristiana. Por eso, sostendrá que  la más alta contemplación mística tiene por objeto normal los misterios de Jesús y de su humanidad. Por eso, el creyente, lo mismo que el orante contemplativo, llega a las gracias sumas de la experiencia cristiana, a través de la humanidad de Cristo, sacramento frontal de todas las gracias, único camino hacia Dios.

Teresa no tuvo miedo a la humanidad de Cristo. Cristo era para ella "buen amigo", "Esposo", "modelo", "consuelo en los trabajos". Y por eso, unvitará una y otra vez a mirararle, a contemplar su vida para saber imitarlo.


martes, 2 de octubre de 2012

6 moradas (I)


En este periodo el místico vive intensamente las realidades terrestres, pero en vigilante espera del encuentro definitivo con Cristo; por eso, podemos hablar de un periodo de tensión escatológica. En las sextas moradas, hay un predominio claro de la vida teologal, con grandes impulsos de amor.

Cristo se hace presente de una manera admirable "adonde divino y humano junto es siempre compañía". Estas moradas sextas son las vividas por Teresa en el castillo de su propia alma. Por eso, nos dará todo un arsenal de datos de alta vida espiritual: heridas de amor, éxtasis y otros fenómenos místicos.

El ingreso en las sextas moradas trae consigo la noche: entrada y travesía de una larga escalada de "grandes trabajos" y pruebas purificadoras. La noche es para Teresa una prueba dolorosa y total, a que es sometido el místico de forma exhaustiva: desde fuera y desde dentro de sí mismo. La relación con Dios se vuelve un sentimiento de ausencia y desamparo.

Pero la función de la noche es aquilatra los ojos para entrar en la luz del amanecer. El hombre viejo no puede ver a Dios y quedar con vida. Teresa está convencida que para recibir las joyas que al alma se le han de dar indipensable un lavado profundo del espíritu, desarraigándolo de tanta escoria como normalmente le aqueja.

"Por cierto que algunas veces lo considero y que temo que si se entendiesen antes, sería dificultosísimo determinarse la flaqueza natural para poderlo sufrir, ni determinarse a pasarlo, por bienes que se le representasen, salvo si no hubiese llegado a la séptima morada, que ya allí nada no se teme de arte que no se arroje muy de raíz el alma a pasarlo por Dios. Y es la causa que está casi siempre tan junta a Su Majestad, que de allí le viene la fortaleza. Creo será bien contaros algunos de los que yo sé que se pasan con certidumbre. Quizá no serán todas las almas llevadas por este camino, aunque dudo mucho que vivan libres de trabajos de la tierra de una manera o de otra las almas que a tiempos gozan tan de veras de cosas del cielo". (6M 1, 2)

miércoles, 26 de septiembre de 2012

5Moradas: Peligros


El gran espejismo que, en estas moradas, puede ocurrirle al espiritual, es pensar que tiene verdadero amor a Dios, sin mojarse las manos en el amor a los hermanos. Es algo que fácimente puede ocurrirle al hombre espiritual, o, al especialmente dedicado a la oración.

En las quintas moradas, estas almas tiene dos tentaciones. La primera es querer aparentar lo que no son. La soberbia, les hace buscar formas estravagantes para que la gente sepa lo mucho que rezan. Les gusta pasar muchas horas de rodillas, que se sepa lo mucho que ayunan, y andar cabizbajos y mirando al suelo. Pero a la hora de la verdad fallan: "Yo gusto algunas veces de ver unas almas, que, cuando están en oración, les parece querrían ser abatidas y públicamente afrentadas por Dios, y después una falta pequeña encubrirían si pudiesen, o que si no la han hecho y se la cargan, Dios nos libre" (5M 3,10)

Estas personas han perdido el camino. No buscan a Dios, sino a sí mismas y la tranquilidad y los gustos que encuentran en el recogimiento. Por eso, santa Teresa prosigue describiendo a estas almas encapotadas: "Cuando yo veo almas muy diligentes a entender la oración que tienen y muy encapotadas cuando están en ella, que parece no se osan bullir ni menear el pensamiento porque no se les vaya un poquito de gusto y devoción que han tenido, háceme ver cuán poco entienden del camino por donde se alcanza la unión, y piensan que allí está todo el negocio".( 5M 3, 11)

Para Santa Teresa el camino de la unión con Dios, está muy claro y no hay otro. No hay más camino para llegar a Dios, que el camino de Jesús, el camino del Evangelio:" Que no, hermanas, no; obras quiere el Señor, y que si ves una enferma a quien puedes dar algún alivio, no se te dé nada de perder esa devoción y te compadezcas de ella; y si tiene algún dolor, te duela a tí; y si fuere menester, lo ayunes, porque ella lo coma, no tanto por ella, como porque sabes que tu Señor quiere aquello. Esta es la verdadera unión con su voluntad, y que si vieres loar mucho a una persona te alegres más mucho que si te loasen a tí. Esto, a la verdad, fácil es, que si hay humildad, antes tendrá pena de verse loar. Mas esta alegría de que se entiendan las virtudes de las hermanas es gran cosa, y cuando viéremos alguna falta en alguna, sentirla como si fuera en nosotras y encubrirla" (5M 3, 11). Y no quiero dejar este post, sin recalcar esto último que la santa comenta: alegrarnos de que se sepan las cosas buenas de los demás y encubrir las faltas de nuestros hermanos. ¡Cuánto necesitamos esto en nuestras comunidades!!

5 Moradas: ¿Cómo se llega a la unión?


El cristiano llega a la unión cuando desde lo hondo de su voluntad se conforma con la voluntad de Dios. Ocurrirá esto cuando sea capaz de decir, no sólo con los labios, sino con la vida y los hechos, el "hágase tu voluntad".

Al cristiano seguirán doliéndole tantos acontecimientos adversos de la vida, permitidos a  dispuestos por la misteriosa, y , a veces, incomprensible voluntad de Dios. Pero a través de ellos deberá lograr la sumisión del corazón, por amor.

Para la unión se requiere "amor de Dios y de los hermanos", porque el amor es unitivo; y por eso, ella nos avisa: " la más cierta señal que hay si guardamos estas dos cosas ( el amor a Dios y al prójimo) es guardando bien la del amor al prójimo;porque si amamos a Dios no se puede saber, aunque hay indicios grandes para entender que le amamos; mas el amor del prójimo, sí" (5M 3,8). Y esto, porque en Dios, está la fuente del amor humano. Lo que Teresa ha anhelado toda su vida, que es amar y entregarse a Dios, lo encuentra en el amor a los hermanos, para hacer así la voluntad de Él.

Santa Teresa se muestra exigente en el amor del prójimo, como buena espiritual. Ella, que ha comenzado viviendo una espiritualidad intimista, centrada en su propia santidad, y en sus relaciones espirituales con Dios, a medida que va avanzando en su camino hacia Dios, o más bien, el encuentro con Dios, le va haciendo descubrir que a Dios sólo lo puede encontrar en el amor al prójimo: "¡Oh hermanas, cómo se ve claro adónde está de veras el amor del prójimo en algunas de vosotras, y en las que no está con esta perfección! Si entendieseis lo que nos importa esta virtud, no traeríais otro estudio" (5M 3, 10)

lunes, 24 de septiembre de 2012

5 Moradas


"¡Oh hermanas!, ¿cómo os podría yo decir la riqueza y tesoros y deleites que hay en las quintas moradas? Creo fuera mejor no decir nada de las que faltan, pues no se ha de saber decir ni el entendimiento lo sabe entender ni las comparaciones pueden servir de declararlo, porque son muy bajas las cosas de la tierra para este fin.
Enviad, Señor mío, del cielo luz para que yo pueda dar alguna a estas vuestras siervas, pues sois servido de que gocen algunas de ellas tan ordinariamente de estos gozos, porque no sean engañadas, transfigurándose el demonio en ángel de luz, pues todos sus deseos se emplean en desear contentaros. Y aunque dije «algunas», bien pocas hay que no entren en esta morada que ahora diré
". (5M 1,1)

Estamos ya en las quintas moradas. Teresa ha vivido, no sin sorpresa, un proceso de cambio en la propia vida, remodelada por una fuerza superior, operando una misteriosa reinserción de su persona entera -cuerpo y alma- en la esfera trascendente de la vida de Dios. Pero la unión del hombre con Dios pasa a través de la muerte: una manera de muerte radical a la anterior forma de vida humana, tan arraigada a lo terrestre, tan limitada por el lastre del mal y del pecado.

Este paso por la muerte es para renacer a otra manera de vivir, con horizontes nuevos, con psicología nueva, con nueva apertura a lo trascendente. Quien hace esta obra es Dios; y es una actuación absolutamente gratuita.

Para Teresa, el hombre "pobre gusano, grande y feo", nace para convertirse en mariposa, blanca y maravillosa. Una mariposa nacida para volar y ser libre. Así entiende ella el sentido profundo de su existencia. Pero de la misma manera que el feo gusano de seda tiene que pasar por la oscuridad del caparazon, así la persona ha de pasar por la muerte al hombre viejo, para nacer lleno de la vida nueva en Dios. Las quintas moradas, es el comienzo de una nueva vida; la fuerza de Dios actúa incluso en las zonas interiores de la persona que se resisten a la vida nueva, y eso provoca a veces sufrimiento, un sufrimiento que es el presagio de una vida nueva en libertad y amor.

viernes, 21 de septiembre de 2012

4 Moradas: el nacimiento de un contemplativo


Una de las grandes convicciones de santa Teresa es que la oración plasma la vida. Por eso, ella insistirá tanto en la práctica de la oración, y anima continuamente a vivir cada vez más la amistad con Jesucristo. En las cuartas moradas, que estamos viviendo, en que se dan los inicios de la oración mísitca, estas gracias, cambian la fisonomía del orante. Esto se debe a que la amistad posee una dinámica secreta que tiende a igualar las condiciones de los dos amigos. El trato de amistad con Dios acerca al orante a la manera de ser del amigo fuerte que es Dios. La asiduidad en la oración, especialmente el ingreso y progreso en la oración contemplativa, va marcando en el orante los rasgos que lo configuran con Jesús.

Al comenzar las cuartas moradas, la oración contemplativa mística, es normal que la iniciativa de Dios y la infusión de luz y amor en el orante "dejan mejores efectos". Efectos que no sólo se patentizan en los esporádicos momentos de recogimiento de la mente, sino que se desbordan en la vida total del contemplativo, condicionando su conducta fraterna, configurando sus coordenadas psicológicas, y sobretodo, marcando más y mas en él, la dimensión teologal y cristológica, el primado de Dios en la vida y en la acción. Por eso, todo contemplativo pasa a ser un enamorado, con cierta dosis de "amor loco".

En el contemplativo se unifica la vida. Cesa la inevitable dicotomía entre oración y acción, entre atención a lo trascendente y presencia a las tareas de lo cotidiano, incluso en las aparentemente más rastreras y vulgares: "Marta y María andan juntas". Cuidado que aquí se juega la verdadera contemplación. El contemplativo no es un hombre de ojos en blanco y pies sin pisar tierrra. El contemplativo es un enamorado, que por la acción de Dios, hace presente en su vida en la de los demás el reino de Dios.

El contemplativo es un renacido. Estrena vida nueva. Pero la comienza como un niño. Por eso es una vida frágil. Está en dependencia total de la Madre-Dios. Está llamado a crecer, pero con el riesgo de la atrofia y de la involución. No se le dispensa de hacer, servir, trabajar y crecer, pero en cualquier etapa del proceso, es y vive más, por lo que recibe que por lo que hace.

miércoles, 19 de septiembre de 2012

La oración en las 4 Moradas

Agua y fuego simbolizan la nueva forma de oración que ahora caracteriza la relación del hombre con Dios en ternura y ardor de la voluntad. Es la voluntad la que por mnomentos se une a Dios. El ingreso en la experiencia mística se hace desde la voluntad; es decir, desde el amor de Dios, que penetra y fecunda el corazón del hombre.


En la vida de fe y en nuestra relación con Dios hay zonas de gratuidad absoluta, pendientes de la pura iniciativa divina, vivencias que acontecen en la misteriosa lógica del amor trascendente, fuera del alcance y más allá de las horas marcadas por el relog de la madurez humana. Estamos en la esfera de la gracia. Las otorga Él al hombre "porque quiere y no por más", como dice la santa.

El ingreso en las moradas cuartas, y consiguientemente en la experiencia mística, no está marcado por un cambio de conducta ética por parte del hombre. Es obra de un nuevo tipo de gratuidad amorosa por parte de Dios. En la estructura misma del hombre, hay unas capas profundas que ahora se vuelven hontanar misterioso bajo la iniciativa de El. En la progresiva relación del hombre con Dios juegan un papel decisivo el amor y la voluntad. El hombre comienza a amar de una forma absolutamente nueva, precisamente porque experimenta el amor que Dios derrama sobre él.

Hay unas formas de oración en las que actuamos y oramos nosotros. Hay otras en que es el Espíritu de Jesús el que ora en nosotros y nos asocia a su oración. Estas dos dimensiones se manifiestan en la oración de recogimiento. Hay una educación de los sentidos, o una pedagogía del recogimiento con la que logramos interiorizarnos y contemplar amorosamente la Palabra de Dios. Pero hay también otra forma de recogimiento que está más allá de la pedagogía y de las técnicas humanas, y entra en la dinámica del amor que se derrama en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos es otorgado.

En las cuartas moradas entramos en la esfera de la pura gratuidad. A veces le es difícil al hombre entender esto. Por eso, cuando entra en esta esfera, nace una nueva forma de amar, gratuita, sin posesiones ni posesionados. Es el amor puro, que sólo puede venir de Dios, y que se derrama gratuitamente en nosotros.

viernes, 7 de septiembre de 2012

De "cristianos burgueses" y otras especies


Como hemos recordado a lo largo de estos capítulos, el cristiano de las terceras moradas, está en un estado de batalla. Otro de los peligros que tienen es construirse castillos en el aire, pensando en lo mucho que serían capaces de hacer por Dios, de crear grandes empresas para anunciar el Evangelio y obras de caridad sin cuento. Pero cuando se encuentran con su propia realidad, y sobretodo, con su poca virtud se desaniman,. A la menos contradicción se sienten sin fuerzas, y desanimados. Santa Teresa alerta a estos que parecen dispuesto a comerse el mundo y aconsejar con ardor a los demás: “Yo he conocido algunas almas, y aun creo puedo decir hartas, de las que han llegado a este estado, y estado y vivido muchos años en esta rectitud y concierto, alma y cuerpo, a lo que se puede entender, y después de ellos que ya parece habían de estar señores del mundo, al menos bien desengañados de él, probarlos Su Majestad en cosas no muy grandes, y andar con tanta inquietud y apretamiento de corazón, que a mí me traían tonta y aun temerosa harto. Pues darles consejo no hay remedio, porque, como ha tanto que tratan de virtud, paréceles que pueden enseñar a otros y que les sobra razón en sentir aquellas cosas” (3M 2,1). Son estos los que se creen que lo saben todo sobre Dios, y no han entendido lo principal: la cruz


El cristiano de las terceras moradas, se encuentra muy a gusto practicando la religión, siguiendo una moral a veces rígida, que lleva al juicio, pero descuida elementos fundamentales como el desprendimiento. El dinero es el caballo de Troya de muchos cristianos piadosos. Y lo peor es que incluso camuflamos nuestro amor al dinero, bajo pretextos piadosos y de caridad. Santa Teresa es categórica: “Viene a una persona rica, sin hijos ni para quién querer la hacienda, una falta de ella, mas no es de manera que en lo que le queda le puede faltar lo necesario para sí y para su casa, y sobrado. Si éste anduviese con tanto desasosiego e inquietud como si no le quedara un pan que comer, ¿cómo ha de pedirle nuestro Señor que lo deje todo por El?  Aquí entra el que lo siente porque lo quiere para los pobres. ­ Yo creo que quiere Dios más que yo me conforme con lo que Su Majestad hace y, aunque lo procure, tenga quieta mi alma, que no esta caridad. Y ya que no lo hace, porque no ha llegádole el Señor a tanto, enhorabuena; mas entienda que le falta esta libertad de espíritu, y con esto se dispondrá para que el Señor se la dé, porque se la pedirá. Tiene una persona bien de comer, y aun sobrado; ofrécesele poder adquirir más hacienda: tomarlo, si se lo dan, enhorabuena, pase; mas procurarlo y, después de tenerlo, procurar más y más, tenga cuan buena intención quisiere (que sí debe tener, porque ­como he dicho­ son estas personas de oración y virtuosas), que no hayan miedo que suban a las moradas más juntas al Rey” (3M 2, 4)

Y después la maldita honra. Son cristianos a lo que les gusta aparentar lo que no son, que lo tengan por buenos y alaben sus obras. Viven pendientes de lo que la gente pueda decir, y hacen aparecer sus obras para que sean conocidas. Teresa los describe así: “De esta manera es si se les ofrece algo de que los desprecien o quiten un poco de honra; que, aunque les hace Dios merced de que lo sufran bien muchas veces (porque es muy amigo de favorecer la virtud en público porque no padezca la misma virtud en que están tenidos, y aun será porque le han servido, que es muy bueno este Bien nuestro), allá les queda una inquietud que no se pueden valer, ni acaba de acabarse tan presto.
¡Válgame Dios! ¿No son éstos los que ha tanto que consideran cómo padeció el Señor y cuán bueno es padecer y aún lo desean?”
(3M 2, 5)

Son cristianos cumplidores, pero muy en razón. No están dispuestos a dar la vida. Viven un cristianismo muy razonable, muy al estilo de los criterios del mundo. Cuidan mucho la salud del cuerpo. En definitiva son como el joven rico, que no están dispuestos a dejar sus cosas, todo, para seguir al Maestro. “Las penitencias que hacen estas almas son tan concertadas como su vida; quiérenla mucho para servir a nuestro Señor con ella, que todo esto no es malo, y así tienen gran discreción en hacerlas porque no dañen a la salud. No hayáis miedo que se maten, porque su razón está muy en sí; no está aún el amor para sacar de razón; mas querría yo que la tuviésemos para no nos contentar con esta manera de servir a Dios, siempre a un paso paso, que nunca acabaremos de andar este camino. Y como a nuestro parecer siempre andamos y nos cansamos (porque creed que es un camino abrumador),harto bien será que no nos perdamos. Mas ¿paréceos, hijas, si yendo a una tierra desde otra pudiésemos llegar en ocho días, que sería bueno andarlo en un año por ventas y nieves y aguas y malos caminos? ¿No valdría más pasarlo de una vez?.... Como vamos con tanto seso, todo nos ofende, porque todo lo tememos; y así no osamos pasar adelante, como si pudiésemos nosotras llegar a estas moradas y que otros anduviesen el camino. Pues no es esto posible, esforcémonos, hermanas mías, por amor del Señor; dejemos nuestra razón y temores en sus manos; olvidemos esta flaqueza natural, que nos puede ocupar mucho. El cuidado de estos cuerpos ténganle los prelados; allá se avengan; nosotras de sólo caminar a prisa para ver este Señor; que, aunque el regalo que tenéis es poco o ninguno, el cuidado de la salud nos podría engañar” (3M 2, 7-8).

Santa Teresa quiere cristianos locos por el Evangelio, personas que se jueguen la vida, que se atrevan a dejarlo todo por el Reino de Dios. Titubeantes, cristianos que vuelven la vista atrás, los que aman su vida y sus cosas por encima de todo, los miedosos que no arriesgan,  no pasaran al interior del castillo. Como el joven rico, se quedaran pesarosos….

miércoles, 5 de septiembre de 2012

De "beatas intrigantes" y otras especies


María Magdalena el la película "La Pasión" de Mel GibsonUsando la terminología y los grados que usa Santa Teresa,  podemos decir, que en las terceras moradas viven la mayoría de los cristianos que “cumplen” los mandamientos, y se toman un poco en serio su vida cristiana.  Santa Teresa los llama “personas concertadas” porque tanto su vida de oración como su vida diaria de trabajo y de relaciones personales las tienen muy bien organizada y medida. Son estos cristianos de cumplir normas y de querer que otros las cumplan. El problema de estos creyentes, no son las normas, que en muchos casos son medios para lograr un fin. El problema es que estos creyentes viven muy seguros en ellas, pensando que haciéndolas son buenos cristianos. Santa Teresa cala muy bien a estos creyentes: “En las personas que digo, no es así sino que canonizan ­como he dicho­  en sus pensamientos estas cosas, y así querrían que otros las canonizasen” (3M 2, 3). Suelen ser personas malhumoradas, hipercríticas, que no aguantan más perfección que la suya. ¿Quién es un buen cristiano? Responden: “el que es como yo”.

El que esto escribe se sorprende de los comentarios que hacen muchos “buenos cristianos” en foros y páginas religiosas, que están llenos de violencia y agresividad. A estos cristianos santa Teresa los compadece diciendo que “Querrían a todos tan concertados como ellos traen sus vidas, y plega a Dios que no piensen que la pena que tienen es de la culpa ajena y la hagan en su pensamiento meritoria” (3M 2, 5) Por eso, como explicábamos en capítulos anteriores, santa Teresa quiere la amistad espiritual, que ayuda a ver las faltas propias y a discernir en comunidad los caminos de Dios. Este es el sentido de la obediencia que propone santa Teresa a todos, “aunque no sean religiosos”

El caso es que estos cristianos de las terceras moradas, tienen el peligro de caer en la crítica despiadada y de convertirse en auténticas “beatas intrigantes”. Es un poco el pecado de los fariseos, que centrándose en las normas y el culto, olvidan lo importante: el amor. Son personas que están llenas de celo porque los demás conozcan y amen a Jesús, pero no se dan cuenta que su corazón aun está lejos del amor del Evangelio. Les falta paciencia, y sobretodo necesitan todavía un camino de conversión.  Se dejan llevar por el celo malo que tan bien describe san Benito; este celo mal, nace de personas con corazón de piedra y hielo: “Así como hay un mal celo de amargura que separa de Dios y lleva al infierno,  hay también un celo bueno que separa de los vicios y conduce a Dios y a la vida eterna.  Practiquen, pues, los monjes este celo con la más ardiente caridad,  esto es, "adelántense para honrarse unos a otros"; tolérense con suma paciencia sus debilidades, tanto corporales como morales; obedézcanse unos a otros a porfía; nadie busque lo que le parece útil para sí, sino más bien para otro; 8 practiquen la caridad fraterna castamente; teman a Dios con amor;  amen a su abad con una caridad sincera y humilde;  y nada absolutamente antepongan a Cristo,  el cual nos lleve a todos juntamente a la vida eterna” (R. B. 72)

Santa Teresa también nos da un consejo lapidario: “Miremos nuestras faltas y dejemos las ajenas, que es mucho de personas tan concertadas espantarse de todo; y por ventura de quien nos espantamos, podríamos bien deprender en lo principal; y en la compostura exterior y en su manera de trato le hacemos ventajas; y no es esto lo de más importancia, aunque es bueno, ni hay para qué querer luego que todos vayan por nuestro camino, ni ponerse a enseñar el del espíritu quien por ventura no sabe qué cosa es; que con estos deseos que nos da Dios, hermanas, del bien de las almas podemos hacer muchos yerros; y así es mejor llegarnos a lo que dice nuestra Regla: «en silencio y esperanza procurar vivir siempre», que el Señor tendrá cuidado de sus almas” (3 M 2, 13)

lunes, 3 de septiembre de 2012

3 Moradas (III)


Teresa nos presenta algunas consignas para este tiempo de prueba. Son ayudas, para una etapa que como hemos ido comentando es compleja, dificil y hasta agotadora.

Lo primero que Teresa nos recomienda es la humildad. Para Teresa, ésta es una consigna básica, y sobre ella volverá hasta el final del libro. Santa Teresa nos recomienda humildad en la sequedad en la oración, cuando nos vemos sin fuerzas, cansados de obrar el bien, inclinados a lo malo. De aquí no debe de nacer la desesperación, sino la confianza de que la obra es de Dios y Él la llevará a su termino. Por eso nos dice: " El Señor os lo dará a entender, para que saquéis de las sequedades humildad y no inquietud, que es lo que pretende el demonio; y creed que adonde la hay de veras, que, aunque nunca dé Dios regalos, dará una paz y conformidad con que anden más contentas que otros con regalos; que muchas veces ­como habéis leído­  los da la divina Majestad a los más flacos; aunque creo de ellos que no los trocarían por las fortalezas de los que andan con sequedad". Para Teresa siempre es más segura vida cristiana con sequedad, es decir, sin fervores ni sentimientos, que una vida cristiana que se basa en gustos, revelaciones, y que se mueve por el placer que le provoca el bien, la piedad o los actos de la religión. La humildad es la que nos ayudará a no desanimarnos, y a dejar a Dios hacer su obra: "humildad, que es el ungüento de nuestras heridas; porque, si la hay de veras, aunque tarde algún tiempo, vendrá el cirujano, que es Dios, a sanarnos". El tiempo de consuelos pasa, y, después sólo nos queda vivir en la fe, hacer cada día la voluntad de Dios, aunque con frecuencia nos sintamos inclinados a lo contrario.

Otra consigna elemental es la obediencia. Es una consigna inesperada para el lector común. Pero para Teresa es fundamental la amistad, el compartir la vida cristiana con otros, especialmente con los que han hecho ya un camino. Teresa hablará de los cinco "que nos amamos en Cristo". De "hacerse espaldas unos a otros. Y "no es tiempo de seguir a todos, sino a aquellos que lleven la  vida de Cristo". En realidad se trata de evitar el aislamiento y la autosuficiencia: hacer amistad con quien esté ya en las moradas superiores. E insiste Teresa en que no busquemos aquellos que son de nuestra cuerda, los que nos alaban todo lo que hacemos, sino aquellos que de verdad llevan una vida consecuente con el seguimiento de Jesús.

La tercera consigna es poner los puntos sobre las íes. Teresa no se anda con rodeos, ni le gusta el folclore, aunque sea religioso. La vida cristiana no se juega en las cosas externas, ni siquiera en las piadosas; sino que la vida cristiana se juega en cumplir la voluntad de Dios, en practicar las virtudes sobre todo el amor: "Y creedme que no está el negocio en tener hábito de religión o no, sino en procurar ejercitar las virtudes y rendir nuestra voluntad a la de Dios en todo, y que el concierto de nuestra vida sea lo que Su Majestad ordenare de ella, y no queramos nosotras que se haga nuestra voluntad, sino la suya".


viernes, 31 de agosto de 2012

3 Moradas (II)


En el castillo, las terceras moradas son un seguro de vida sólo si el morador de ellas deposita toda su confianza en Dios. Educarse en el arte de una confianza ilimitada en él es tarea de esta jornada espiritual. Sólo la ilimitada confianza en Él podrá salvarnos de la inestabilidad e inseguridad permanenete de uno mismo.

Castillo de GravensteenEl morador de las terceras moradas debe entrenarse en la tarea compleja de la generosidad, de cara a Dios y a los hermanos. No sólo ofrecer y ofrecerse, sino recuperarse de la humillación, del fracaso y de las incoherencias de la propia generosidad. Debe entrenarse en algo más dificil: en aceptar que Dios tome la iniciativa más allá de sus proyectos de generosidad.

La etapa que Teresa está describiendo corresponde a una especia de "adolescencia espiritual". El adolescente espiritual se cree muy seguro de sí mismo, de su propia fuerza, de sus actos, tiene la convicción (quizá oculta) de que la iniciativa le corresponde a uno mismo y Dios y su amor pasan inevitablemente a un segundo lugar. Esfuerzo, lucha y responsabilidad persisturán hasta la última jornada de la vida, hasta la morada postrera del castillo. Pero más allá de nuestros esfuerzos y proyectos, Dios tiene su quehacer en nosotros. Y generalmente se hace presente desbarantando nuestros últimos reductos.

En la óptica de santa Teresa, esta prueba de amor, tiene dos objetivos: evidenciar la precariedad de nuestros esfuerzos ascéticos; y pasarnos a otro ritmo de andadura espiritual. En última instancia, de lo que se trata, es que el secreto de nuestra vida cristiana consiste en abrirnos a la acción de Dios.

miércoles, 29 de agosto de 2012

3 Moradas (I)


¿Quienes viven en estas terceras moradas? Santa Teresa nos lo describe así: "son muy deseosas de no ofender a Su Majestad ni aun de los pecados veniales se guardan , y de hacer penitencia amigas, sus horas de recogimiento, gastan bien el tiempo, ejercítanse en obras de caridad con los prójimos, muy concertadas en su hablar y vestir y gobierno de casa, los que las tienen. Cierto, estado para desear y que, al parecer, no hay por qué se les niegue la entrada hasta la postrera morada ni se la negará el Señor, si ellos quieren, que linda disposición es para que las haga toda merced"(3M 1, 5).

Estas moradas es un periodo de prueba. El hombre de las terceras moradas tiene que pasar la "prueba del amor", liberadora de egoismos y de espejismos narcisistas en la vida espiritual. Ha de fijarse un programa de vida espiritual y de oración, y permanecer en él. Suele ser una persona con celo por llevar a tras personas al conocimiento y amistad con Jesucristo. Tienen sus tiempos de oración, y se dedican al servicio del prójimo en todo lo que tienen. Quizá el problema de estas personas es que son muy "concertadas", es decir, lo tienen todo demasiado planificado, y basan su vida espiritual no en la fe desnuda, sino en los gustos que encuentran en la oración y en una vida humana y espiritualmente ordenada. En estas terceras moradas sobrevienen la sequedaz y la aridez en la oración, es decir, el disgusto y la desgana en las cosas de Dios, que prueban la verdad de nuestro amor y aun de nuestra fe.

El cristiano de las terceras moradas tiene que someterse a misteriosos controles de autenticidad; de la misma manera que el pueblo de Israel fue probado en el desierto 40 años, para ver si permanecían fieles a la Alianza con Dios; o el joven rico que se debate en permanecer en sus riquezas o entrar en la gratuidad del Reino. En estas moradas se vive en riesgo permanente, el creyente tendrá que ir haciendo opciones, muchas veces dolorosas, y sólo apoyado por una fe desnuda, muchas veces sin consuelo. Uno no se fía de Dios, en un momento de consuelo, o de iluminación, sino sólo fiado en la Palabra de Dios, en la que dice que Dios siempre permanece fiel. Teresa nos propone dos personajes bíblicos como modelos: las dos figuras paradigmáticas son David y Salomón: uno, que supera el riesgo; otro que sucumbe en él. Así es el cristiano de las terceras moradas. En su horizonte está la aventura del desierto, para recuperar el primer amor con Yahvé. Pero también las cebollas y los ajos de Egipto lo llaman.

Teresa está convencida de que, en el fondo, todos tendremos que hacer la travesía de una experiencia similar a la suya. Experiencia agridulce de la propia fragilidad. Con alternativas de autosuficiencia e incoherencia. De espejsmos y humillaciones. De firmes determinaciones y dudas envolventes y totales. Es la experiencia de la propia inseguridad radical. Y la necesidad de descubrir la misericordia amorosa de Dios como única tabla de salvación.

jueves, 23 de agosto de 2012

2 Moradas (I)


¿Quiénes están en estas segundas moradas? Teresa nos responde: " Es de los que han ya comenzado a tener oración y entendido lo que les importa no se quedar en las primeras moradas, mas no tienen aún determinación para dejar muchas veces de estar en ella, porque no dejan las ocasiones, que es harto peligro. Mas harta misericordia es que algún rato procuren huir de las culebras y cosas emponzoñosas, y entender que es bien dejarlas. Estos, en parte, tienen harto más trabajo que los primeros, aunque no tanto peligro, porque ya parece los entienden, y hay gran esperanza de que entrarán más adentro" (2M 1, 2)

En las segundas moradas se experimenta una etapa de lucha más fuerte. Y esto es porque persisten los dinamismos de desorden, introducidos en el castillo por la vida vivida fuera. Por eso, en estas moradas más que en las primeras al principiante le es necesaria una opción radical. Al mismo tiempo, si se es fiel a la oración se va progresivamente cogiendo gusto por la escucha de la Palabra de Dios,meditando la vida de Jesús, para hacerla nuestra.. También se experimentan como contraste del pecado, la alegría, libertad y determinación que da la vida en comunión con Dios. Son pequeños atisbos, pero que animan y dan consuelo en la lucha.

El castillo interior de Teresa es un símbolo ideal y real a la vez: símbolo de la interioridad del hombre, de la lucha por realizarse; y al mismo tiempo de su llamada a la trascendencia. Teresa se limita a descubrir en la interioridad de cada hombre la raiz de ese drama desgarrador de la guerra, que está instalado en la interioridad de la humanidad, en la entraña misma de la historia de los hombres.

Según Teresa no hay perspectivas de vida cristiana adulta ( y, menos, de mística, experiencia de Dios) para cobardes, cómodos, perezosos y blandengues. Ni para quienes entran en el castillo con el señuelo del idilio intimista, de esa espiritualidad ñoña y amundana, sin compromiso más que para cumplir unos ritos, que más tiene que ver con la estética que con el encuentro con Dios.

"Oh Señor mío!, aquí es menester vuestra ayuda, que sin ella no se puede hacer nada . Por vuestra misericordia no consintáis que esta alma sea engañada para dejar lo comenzado. Dadle luz para que vea cómo está en esto todo su bien, y para que se aparte de malas compañías; que grandísima cosa es tratar con los que tratan de esto; allegarse no sólo a los que viere en estos aposentos que él está, sino a los que entendiere que han entrado a los de más cerca; porque le será gran ayuda, y tanto los puede conversar, que le metan consigo. Siempre esté con aviso de no sedejar vencer; porque si el demonio le ve con una gran determinación de que antes perderá la vida y el descanso y todo lo que le ofrece que tornar a la pieza primera, muy más presto le dejará. Sea varón y no de los que se echaban a beber de bruces, cuando iban a la batalla, no me acuerdo con quién, sino que se determine que va a pelear con todos los demonios y que no hay mejores armas que las de la cruz" (2M 1, 6)

miércoles, 22 de agosto de 2012

1 Moradas (III)



Santa Teresa nos da unos consejos prácticos para acompañarnos en este camino hacía la morada más interior del Castillo, donde mora Dios.

Lo primero que nos dice es "poner los ojos en Cristo nuestro bien". Esta es la quintaesencia de su "Evangelio", y tiene que ser el "abc" del principiante. Y unido a esto "poner  a su bendita Madre por intercesora". No hacemos solos este camino, Jesús nos acompaña siempre en el camino de la oración, como modelo y como consolador. Teresa nos invita a comtemplar su vida, sus acciones para despertarnos a amar y para conocer el corazón del que habita en el Castillo interior, de Dios. Ver y contemplar la vida de Jesús para saberlo imitar en el amor.

Sata Teresa nos invita también al realismo en estos primeros pasos. A pesar de los buenos deseos fácilmente seremos vencidos. Las malas costumbres e inclinaciones, el egoismo fuertemente afincado en nosotros, son malos consejeros. Santa Teresa nos dice que "si ha comenzado ya la oración, no la deje","viniera lo que viniere, y pasare lo que pasare", pues por ella nos vendrá todos los bienes.

Pero también nos avisa que este camino nos es para espíritus mediocres y flojos. La oración es un camino de lucha y se necesita un temple y un espíritu combativo. Por eso, nos habla de la "determinada determinación" para seguir adelante.

Desde el principio es necesario tener muy en cuenta el ideal del camino y qué es la santidad: "la perfección verdadera es amor de Dios y del prójimo". Esto aunque parece obvio es muy importante tenerlo claro, porque el principiante suele quedarse en lo exterior, en las formas, aunque estas sean religiosas. Muchas veces una falsa espiritualidad, que no va a lo nuclear, al camino del Evangelio, esconde el miedo y la mediocridad, del cristiano que prefiere andarse por la ramas, entretenido en ideas, formas, e inciensos, sin atreverse por el camino del Evangelio, que es amor de Dios y del prójimo.

martes, 21 de agosto de 2012

1 Moradas (II)


En las primeras moradas habitan las personas que comienzan a tener oración. Son personas que todavía no caminan con rápidez en la vida cristiana, sino que andan rondando el castillo, pero no han descubierto todavía la belleza de la amistad y comunión con su Dios. Por un lado sienten la belleza del amor de Dios, pero por otro están encadenados en las cosas que los apartan de él. Les falta la determinación del desasimiento. Viven entre dos mundos. Pero se animan a tener ratos de oración, donde Dios les va comunicando su gracia, llevándolos a una nueva aventura, invitándolos a una nueva forma de vida en en el amor.

Santa Teresa nos da tres consejos en esta primera morada:

a) Atención al pecado que amenaza la ruina del castillo.
b) Ahondar en el propio conocimiento, para cimentarse en humildad.
c) Dilatar la mirada y otear dentro de sí el vasto paisaje del Castillo interior.

Cuando Teresa introduce al principiante en su vida espiritual lo encara con dos situaciones límite: la suma dignidad del hombre, y la suma fealdad del pecado. El hombre que no se deja guiar por los designios de amor del Creador, se envilecce cuando vive una vida centrada en sí mismo, sin vivirla como un don para los demás, se empequeñece. El hombre se autodestruye en el egoismo. La oración es el comienzo de un salir de sí mismo al encuentro con Dios y con los hermanos.

¿En qué consiste el propio conocimiento que nos propone Teresa? El principiante no se conocerá a sí mismo sino se sabe habitado por Dios. Pero el hombre es capaz ( y lo hace) de introducir el mal en el castillo. Al mismo tiempo el riesgo fatal del propio conoicimiento es ver sólo el lado negro de sí mismo. Esto ocurre sí vemos sólo nuestra historia desconectada de Dios. Entonces lograremos un propio conocimeinto ratero y envilecedor, cobarde y frustrante. Por eso Teresa nos invita a apunta más alto: "poner los ojos en el centro del Castillo donde está el rey"

domingo, 19 de agosto de 2012

Castillo Interior o las Moradas


Despues de describir la oración Teresiana, vamos a entrar ahora en la obra cumbre de santa Teresa: "El Castillo Interior o las Moradas". Es un libro que termina con 63 años, ya cercano el final de su vida. Pero aquí tenemos más que un libro. Teresa narra con las moradas, el símbolo maravilloso del misterio del hombre. Pero es además, el alma de su autora, que se va desplazando y elevando de morada en morada. Es un programa femenino pero batallador, de la vida cristiana.

En el libro podemos ver tres niveles: a) ver en el libro la propia historia de Teresa: su castillo. b) Leer el mensaje del símbolo o de los símbolos cruzados que ensamblan la obra. c) Leerlo como una descripción de la vida cristiana.

Teresa nos comunica su propia experiencia: cada hombre es un castillo interior como el que ella posee. Un castillo habitado por el mismo Dios.

El hombre es descrito como un gusano de seda. que se puede convertir en mariposa. Pues según Teresa todo hombre y mujer ha nacido para tener alas y elevarse.

El proyecto del libro es claro: el hombre es invitado por Dios a su plenitud, pero una plenitud que nace de la comunicación-amistad, de éste con Dios. Por eso en las últimas páginas del libro su símbolo preferido será el "desposorio y matrimonio espiritual" como plenitud de las relaciones humanas en ela mor, pero al mismo tiempo símbolo realista de la plenitud del hombre enamorado de Dios.