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miércoles, 26 de septiembre de 2012

5Moradas: Peligros


El gran espejismo que, en estas moradas, puede ocurrirle al espiritual, es pensar que tiene verdadero amor a Dios, sin mojarse las manos en el amor a los hermanos. Es algo que fácimente puede ocurrirle al hombre espiritual, o, al especialmente dedicado a la oración.

En las quintas moradas, estas almas tiene dos tentaciones. La primera es querer aparentar lo que no son. La soberbia, les hace buscar formas estravagantes para que la gente sepa lo mucho que rezan. Les gusta pasar muchas horas de rodillas, que se sepa lo mucho que ayunan, y andar cabizbajos y mirando al suelo. Pero a la hora de la verdad fallan: "Yo gusto algunas veces de ver unas almas, que, cuando están en oración, les parece querrían ser abatidas y públicamente afrentadas por Dios, y después una falta pequeña encubrirían si pudiesen, o que si no la han hecho y se la cargan, Dios nos libre" (5M 3,10)

Estas personas han perdido el camino. No buscan a Dios, sino a sí mismas y la tranquilidad y los gustos que encuentran en el recogimiento. Por eso, santa Teresa prosigue describiendo a estas almas encapotadas: "Cuando yo veo almas muy diligentes a entender la oración que tienen y muy encapotadas cuando están en ella, que parece no se osan bullir ni menear el pensamiento porque no se les vaya un poquito de gusto y devoción que han tenido, háceme ver cuán poco entienden del camino por donde se alcanza la unión, y piensan que allí está todo el negocio".( 5M 3, 11)

Para Santa Teresa el camino de la unión con Dios, está muy claro y no hay otro. No hay más camino para llegar a Dios, que el camino de Jesús, el camino del Evangelio:" Que no, hermanas, no; obras quiere el Señor, y que si ves una enferma a quien puedes dar algún alivio, no se te dé nada de perder esa devoción y te compadezcas de ella; y si tiene algún dolor, te duela a tí; y si fuere menester, lo ayunes, porque ella lo coma, no tanto por ella, como porque sabes que tu Señor quiere aquello. Esta es la verdadera unión con su voluntad, y que si vieres loar mucho a una persona te alegres más mucho que si te loasen a tí. Esto, a la verdad, fácil es, que si hay humildad, antes tendrá pena de verse loar. Mas esta alegría de que se entiendan las virtudes de las hermanas es gran cosa, y cuando viéremos alguna falta en alguna, sentirla como si fuera en nosotras y encubrirla" (5M 3, 11). Y no quiero dejar este post, sin recalcar esto último que la santa comenta: alegrarnos de que se sepan las cosas buenas de los demás y encubrir las faltas de nuestros hermanos. ¡Cuánto necesitamos esto en nuestras comunidades!!

5 Moradas: ¿Cómo se llega a la unión?


El cristiano llega a la unión cuando desde lo hondo de su voluntad se conforma con la voluntad de Dios. Ocurrirá esto cuando sea capaz de decir, no sólo con los labios, sino con la vida y los hechos, el "hágase tu voluntad".

Al cristiano seguirán doliéndole tantos acontecimientos adversos de la vida, permitidos a  dispuestos por la misteriosa, y , a veces, incomprensible voluntad de Dios. Pero a través de ellos deberá lograr la sumisión del corazón, por amor.

Para la unión se requiere "amor de Dios y de los hermanos", porque el amor es unitivo; y por eso, ella nos avisa: " la más cierta señal que hay si guardamos estas dos cosas ( el amor a Dios y al prójimo) es guardando bien la del amor al prójimo;porque si amamos a Dios no se puede saber, aunque hay indicios grandes para entender que le amamos; mas el amor del prójimo, sí" (5M 3,8). Y esto, porque en Dios, está la fuente del amor humano. Lo que Teresa ha anhelado toda su vida, que es amar y entregarse a Dios, lo encuentra en el amor a los hermanos, para hacer así la voluntad de Él.

Santa Teresa se muestra exigente en el amor del prójimo, como buena espiritual. Ella, que ha comenzado viviendo una espiritualidad intimista, centrada en su propia santidad, y en sus relaciones espirituales con Dios, a medida que va avanzando en su camino hacia Dios, o más bien, el encuentro con Dios, le va haciendo descubrir que a Dios sólo lo puede encontrar en el amor al prójimo: "¡Oh hermanas, cómo se ve claro adónde está de veras el amor del prójimo en algunas de vosotras, y en las que no está con esta perfección! Si entendieseis lo que nos importa esta virtud, no traeríais otro estudio" (5M 3, 10)

jueves, 23 de agosto de 2012

2 Moradas (I)


¿Quiénes están en estas segundas moradas? Teresa nos responde: " Es de los que han ya comenzado a tener oración y entendido lo que les importa no se quedar en las primeras moradas, mas no tienen aún determinación para dejar muchas veces de estar en ella, porque no dejan las ocasiones, que es harto peligro. Mas harta misericordia es que algún rato procuren huir de las culebras y cosas emponzoñosas, y entender que es bien dejarlas. Estos, en parte, tienen harto más trabajo que los primeros, aunque no tanto peligro, porque ya parece los entienden, y hay gran esperanza de que entrarán más adentro" (2M 1, 2)

En las segundas moradas se experimenta una etapa de lucha más fuerte. Y esto es porque persisten los dinamismos de desorden, introducidos en el castillo por la vida vivida fuera. Por eso, en estas moradas más que en las primeras al principiante le es necesaria una opción radical. Al mismo tiempo, si se es fiel a la oración se va progresivamente cogiendo gusto por la escucha de la Palabra de Dios,meditando la vida de Jesús, para hacerla nuestra.. También se experimentan como contraste del pecado, la alegría, libertad y determinación que da la vida en comunión con Dios. Son pequeños atisbos, pero que animan y dan consuelo en la lucha.

El castillo interior de Teresa es un símbolo ideal y real a la vez: símbolo de la interioridad del hombre, de la lucha por realizarse; y al mismo tiempo de su llamada a la trascendencia. Teresa se limita a descubrir en la interioridad de cada hombre la raiz de ese drama desgarrador de la guerra, que está instalado en la interioridad de la humanidad, en la entraña misma de la historia de los hombres.

Según Teresa no hay perspectivas de vida cristiana adulta ( y, menos, de mística, experiencia de Dios) para cobardes, cómodos, perezosos y blandengues. Ni para quienes entran en el castillo con el señuelo del idilio intimista, de esa espiritualidad ñoña y amundana, sin compromiso más que para cumplir unos ritos, que más tiene que ver con la estética que con el encuentro con Dios.

"Oh Señor mío!, aquí es menester vuestra ayuda, que sin ella no se puede hacer nada . Por vuestra misericordia no consintáis que esta alma sea engañada para dejar lo comenzado. Dadle luz para que vea cómo está en esto todo su bien, y para que se aparte de malas compañías; que grandísima cosa es tratar con los que tratan de esto; allegarse no sólo a los que viere en estos aposentos que él está, sino a los que entendiere que han entrado a los de más cerca; porque le será gran ayuda, y tanto los puede conversar, que le metan consigo. Siempre esté con aviso de no sedejar vencer; porque si el demonio le ve con una gran determinación de que antes perderá la vida y el descanso y todo lo que le ofrece que tornar a la pieza primera, muy más presto le dejará. Sea varón y no de los que se echaban a beber de bruces, cuando iban a la batalla, no me acuerdo con quién, sino que se determine que va a pelear con todos los demonios y que no hay mejores armas que las de la cruz" (2M 1, 6)

lunes, 13 de agosto de 2012

El método teresiano de oración en síntesis


Lo primero es determinada determinación de empezar la oración,  o si se ha empezado no dejarla. Teresa nos dice: "Quien la ha comenzado no la deje. Y quien no la ha comenzado, por amor del Señor le ruego yo, no carezca de tanto bien. No hay aquí qué temer, sino qué desear".

Al principio requiere separar algún tiempo y elegir un lugar adecuado. No olvidar nunca que la oración está al alcance de todos: "Mirad que convida el Señor a todos".

Nos puede ayudar la oración de recogimeinto: recoger  y concentrar los sentidos en nuestro interior. Reconocer la presencia de Cristo en nosotros. Habla sencillamente con él, déjate mirar por Cristo y mírale tu también. Acostúmbrate a su compañía. Aprende a escucharle: se comunica sin necesidad de palabras.

No olvides nunca que la oración es una relación de amor: "tratar de amistad"

La oración nos acostumbra a vivir en el amor, verdad y libertad, es decir, a recuperar la unidad y la armonia interior, a caminar derechos en el segumiento de Jesús.

Santa Teresa nos garantiza que practicándola estamos en el buen camino, y que los resultados no se harán esperar.

"Son las almas que no tienen oración como un cuerpo con perlesía o tullido que, aunque tiene pies y manos, no los puede mandar: que hay almas tan enfermas y mostradas a estarse en cosas exteriores, que no hay remedio y parece que no pueden entrar dentro de sí ... y con ser de natural  tan rica y poder tener su conversación nada menos que con Dios, no hay remedio. Y, si estas almas no procuran entender y remediar su gran miseria, quedarse han hechas estatuas de sal por no volver la cabeza hacia sí, así como le quedó la mujer de Lor por volverla. Porque a cuanto yo puedo entender, la puerta para entrar en este castillo es la oración... (1M 1, 6-7)

miércoles, 8 de agosto de 2012

Contemplar y comunicar lo contemplado


En el capítulo 20, del libro "Camino de Perfección", Teresa apremia a sus monjas a la práctica de la comunicación espiritual, algo que para entonces, en aquellos tiempos recios de sospecha ante cualquier cosa nueva, resultaba arriesgado y peligroso. Teresa, en cambio, les recuerda el sentido propio de una casa de experiencia: reunidas para "poder hablar en Dios" (con Él y de Él), es decir, para orar y comunicar. Teresa quiere una comunidad orante, pero no sólo de recitación orante, sino sobretodo de inducción a la experiencia: " Todas las personas que os trataren, hijas,habiendo disposición y alguna amistad, procurad quitarlas el miedo de comenzar tan gran bien (el de la oración); y, por amor de Dios, os pido que vuestro trato sea siempre ordenado a algún bien de quien hablareis, pues vuestra oración ha de  ser para provecho de las almas. Y puesto habéis siempre de pedir al Señor, mal parecería, hermanas, no procurarlo de todas las maneras. Vuestros deudos ya saben que sois religiosas y que vuestro trato es de oración. No se os ponga delante: "no quiero que me tengan por buena", porque es provecho o daño común el que en vos vieren. Y es gran mal a las que tanta obligación tienen de no hablar sino en Dios, como las monjas, les parezca bien disimulación en este caso, sino fuese alguna vez para más bien. este es vuestro trato y lenguaje; quien os quisiere tratar, depréndale... Si os tuvieren por groseras, poco va en ello; si por hipócritas, menos. Ganaréis de aquí que no os vea sino quien se entendiere por esta lengua" (CV 20, 3-6)

Teresa invita a hablar de Dios. Pero no en un lenguaje superficial de lo aprendido, sino del trato que con Él se tiene en la oración, y de todo aquello que la persona va recibiendo en el camino orante. Un contemplativo, ha de tener en su corazón el deseo de llevar a las otras personas el gran bien de la oración.

Santa Teresa era una gran comunicadora. Ella dice que un cosa es recibir una gracia, otra el entenderla y otra el poderla expresar. Por eso, ella, se propuso invitar con sus escritos a todas las personas a entrar en esa comunicación, más bien, comunión con el Dios de amor, que llenó su vida, y la plenificó.

El contemplativo, el orante, para Teresa no ha de ser nunca un ser huraño, encogido, poco amigo de tratar con los demás. Antes al contrario, para ella el contemplativo ha de andar "con una santa libertad", ni "encogidos" ni "apretado", y "ser afable y agradar y contentar a las personas que tratamos". Ella, a lo largo de sus escritos desenmascara esa espiritualidad " que encoge el ánimo y el ánima". Por eso, ella dice una y otra vez: " Así, hermanas, todo lo que pudiéseis sin ofensa de Dios, procurad ser afables y entender de manera con todas las personas que os trataren, que amen vuestra conversación y deseen vuestra manera de vivir y tratar, y no se atemoricen ni amedrenten de la virtud. A religiosas importa mucho esto: mientras más santas, mas conversables con sus hermanas, y aunque sintáis mucha pena sino van sus pláticas todas como vos las queríais hablar, nunca os extrañéis(canseis) de ellas, si queréis aprovechar y ser amada" (CV 41, 5-8)

martes, 7 de agosto de 2012

La vida contemplativa es fuente de humanización


La vida contemplativa constituye una forma eminente de realización de la condición humana. Ser contemplativo no es más que ejercer, vivir, poner en práctica la capacidad de infinito, la condición de imagen de Dios presente en cada persona. De este ejercicio de lo mejor, de lo más sublime que hay en el hombre, se sigue una capacidad humanizadora, una fuente inestimable de lo humano.

El amor de Dios, es más ensanchador que ocupador; no viene a llenar el corazón del hombre como si se tratara de una carencia, sino a dilatarlo en la medida misma de Dios; y desde ahí, gracias  a esa dilatación de sus posibilidades que le confiere la inserción en la generosa corriente del amor de Dios, le capacita para amar a los demás, destinatarios naturales del amor de Dios, y al mundo creado por Dios como medio de su realización. Aceptar el amor originario de Dios no consiste en encerrarlo dentro de nosotros, sino en hacernos sus mediadores prolongándolo en nuestro amor universal a todo lo que existe. De ahí la estrecha relación del amor de Dios con el amor a lo hermanos que lleva al Nuevo Testamento a afirmar expresamente: "Quien no ama no conoce a Dios, porque Dios es amor"; "en esto sabemos que hemos pasado de la muerte a la vida, en que amamos a nuestros hermanos"; y " quien no ama a su hermano a quien ve, no puede amar a Dios a quien no ve" (1Jn 4, n8.20) Esto ha llevado a los místicos de todas las tradiciones a mostrar el amor a los hermanos como manifestación y garantía de la verdad del amor de Dios.

De ello ofrece Teresa incontables testimonio en sus escritos. En las Moradas por ejemplo, repite una y otra vez: " Entendamos, hijas mías, que la perfección verdadera es amor de Dios y del prójimo, y mientras con más perfección guardemos estos dos mandamientos, seremos más perfectas" (1M 2, 17). "Acá solas estas dos cosas nos pide el Señor, amor de su Majestad y del prójimo, es en lo que hemos de trabajar" (5M 3, 7). "Que no, hermanos, no; obras quiere el Señor, y que si ves una enferma a quien puedes dar algún alivio, no se te de nada perder esa devoción y te compadezcas de ella" (5M 3, 11) "Para esto es la oración, hijas mías; de esto sirve este matrimonio espiritual, de que nazcan siempre obras, obras" (7M 4,6)

viernes, 3 de agosto de 2012

Descubrir la Trascendencia


Teresa vio el peligro, particularmente entre los letrados (aquellos que tienen estudios), de identificar la oración con una actividad intelectual: "algunos he topado que les parece que está todo el negocio en el pensamiento, y si este pueden tener mucho en Dios, aunque sea haciéndose gran fuerza, luego les parece que son espirituales; y si se divierten (se distraen), no pudiendo más aunque sea para cosas buenas, luego les viene gran desconsuelo y les parece que están perdido" (F, 5,2). Santa Teresa nos invita al descanso en la oración, a dejar pensamientos piadosos, razonmientos sobre Dios, y a entrar en el gozo de una contemplación sencilla. Ante este peligro de la oración intelectualista de la meditación discursiva, en que "no les parece que ha de haber día de Domingo, ni rato que no sea trabajar en componer razones" (V 13, 11), Teresa reaccionó diciendo que "la sustancia de la perfecta oración" no está en el pensamiento sino en el amor, "por donde el aprovechamiento del alma no está en pesar mucho, sino en amar mucho" (F 5, 2; 4M 1,7).

Por eso Teresa propone el recogimiento para introducirnos a la oración contemplativa, tal como hemos explicado en capítulos anteriores. Pero recogerse no es ensimismarse. La interioridad no es refugio para aislarnos del mundo; al contrario, es el lugar donde nos encontramos cono desfondados, remitidos a los otros, al Otro que nos precede y nos funda. El esfuerzo del recogimiento no se reduce, pues, a las técnicas de concentración o a la lucha metódica contra las distracciones y el aburrimiento en la oración.

Teresa no nos propone captar un "objeto" de posesión, sino a vaciar el propio interior, a romper con esas formas defectuosas de relación que son el espíritu de propiedad y de dominio, a purificar el corazón hasta que refleje la presencia que lo habita. Se trata de recogerse hasta trascenderse, de entrada en lo más interior de uno mismo y de salida irreprimible más allá de sí mismo, de adentrarse con Dios en el centro más secreto de uno mismo para encontrar allí el secreto originario de Dios y del hombe: Jesucristo.

Sólo quien se trasciende, quien va más allá de uno mismo, saliendo literalmente de sí, desposeyéndose de toda pretensión de dominio, podrá descubrir la trascendencia.

jueves, 2 de agosto de 2012

Perdónanos, como perdonamos

En una entrada anterior, hablabamos, de como para Santa Teresa la contemplación tiene como uno de los frutos más preciosos la capacidad de perdonar. En este video que os ofrezco a continuación vienen algunas frases de santa Teresa en el libro "Camino de Perfección" donde habla de esto , comentando la cita del Padre Nuestro: "Perdónanos nuestras deudas, así como nosotros perdonamos".

martes, 31 de julio de 2012

PADRE NUESTRO


Santa Teresa en su libro camino de perfección, hace un comentario al Padre Nuestro. Para Santa Teresa decir  "Padre" a Dios es tomar conciencia de su presencia, porque es una palabra que nos descubre el ser de Dios. Ella invita a practicar el recogimiento con esa palabra inicial del Padre Nuestro. No hará falta decir más. Tomar conciencia de que Dios es mi Padre. Teresa afirma que en la palabra Padre lo tenemos todo sobre Dios. Para Teresa esto es muy importante, porque en conocer a Dios como Padre me estoy jugando mi relación de amor con Él. Y viviendo esta relación filial podremos también perdonar al prójimo, pues viviendo la experiencia profunda del Dios misericordia, me siento perdonado y puedo perdonar a los demás.

Esta "oración evangelical" como la llama, contiene en síntesis todo el Evangelio, y por eso es válida para todo tipo de orantes y para todas las etapas del camino espiritual: "Es cosa para alabar mucho al Señor cuán subida en perfección es esta oración evangelical, bien como ordenada de tan buen Maestro; y así podemos, hijas, cada una tomarla a su propósito. Espántame ver que en tan pocas palabras está toda la contemplación y perfección encerrada, que parece no hemos menester otro libro sino estudiar en éste. Porque hasta aquí nos ha enseñado el Señor todo el modo de oración y de alta contemplación, desde los principiantes a la oración mental y de quietud y unión" (CV 37, 1; 42, 5; CE 73, 4-4).

Os dejo este video, para que lo veais en contemplación orante. Todas son frases del comentario de Santa Teresa al Padre Nuestro. Al principio de este blog os lo dije: " a orar se aprende orando". El camino de la oración es una experiencia maravillosa. Merece la pena seguirlo, e ir por él. Conocer a Jesucristo, para encontrarnos con el Padre, es lo mejor que a un hombre le puede pasar en la vida. La oración es uno de los caminos mas seguros. Vivir la oración es el camino de todos los bienes: ¡Ánimo!


lunes, 30 de julio de 2012

Oración ¿mental o vocal?


Teresa en el capítulo 16 del libro "Camino de Perfección" empieza a desarrollar el tema de la oración en sentido estricto. Después de explicar lo que es meditación, contemplación, recogimiento, resume así las distintas formas de oración: " Pensar y entender qué hablamos, y con quién hablamos, y quiénes somos los que osamos hablar con tan gran Señor; pensar esto y otras cosas semejantes de lo poco que le hemos servido y lo mucho que estamos obligados a servir, es oración mental... Rezar el Paternoster y Avemaría, o lo que quisiéreis es oración vocal... En estas dos cosas podemos algo nosotros, con el favor de Dios; en la contemplación que ahora dije, ninguna cosa: su Majestad es el que todo lo hace, que es obra suya sobre nuestro natural". (CV 25, 3)

Pero la oración contemplativa es una oración sinfónica, pues contiene algo de todas las demás.. La misma Santa Teresa nos advierte "que es muy posible que estando rezando vocalmente el Paternoster os ponga el Señor en contemplación perfecta" (CV 25, 1; 30, 7). Por eso, distingue con mucho realismo lo que uno puede lograr por propio esfuerzo, las disposiciones que cada uno puede aportar, de lo que es don de Dios, y previene contra aspiraciones indiscretas que tuercen el natural, avisando que "hay diferentes caminos por donde lleva Dios" (CV 5,5). Pero a lo largo de todo el camino oracional, santa Teresa sigue diciendo que no todas han de ser contemplativas, sino que todas han de esforzarse por vivir las virtudes cristianas: " estas virtudes son las que yo deseo tengáis, hijas mías, y las que procuréis, y las que santamente envidiéis; esotras devociones no curéis tener pena por no tenerlas" (CV 18, 9) No está la vida contemplativa en sentir cosas especiales, extraordinarios, ni en ver visiones, ni siquiera en sentir a Dios. La vida contemplativa es una vida para servir, y en la que normalmente la fe se vive en confianza más que necertezas, en oscuridad más que en luz.

Y dirigiéndose a sus monjas,monjas contemplativas de estricta clausura, les recalca: "Santa era santa Marta, aunque no dicen era contemplativa; pues ¿qué más queréis que llegara ser como esta bienaventurada, que mereció tener a Cristo nuestro Señor tantas veces en su casa y darle de comer y servirle y comer a su mesa? Si se estuviera como la Magdalena embebidas, no hubiera quien diera de comer a este divino Huesped. Pues pensad que es esta congregación, la casa de Santa Marta y que ha de haber de todo... Pues si contemplar y tener oración vocal y mental, y curar enfermos, y servir en las cosas de la casa - sea en lo más bajo- todo es servir al Huésped que se viene con nosotras a estar y a comer y a recrear, ¿Qué más se nos da en lo uno que en lo otro?"V 21, 2) 

jueves, 26 de julio de 2012

"Verdadera humildad" (II)


La humildad es la lucidez propia del amor, es lo que hace que un bien sea un bien: un amor sin humildad no ama de verdad; una esperanza sin humildad, no es sino presunción, capaz de tornarse en desaliento ante la mínima prueba; un perdón sin humildad no es más que otra vuelta en el círculo de la venganza, y así con todo. Más que una virtud la humildad es la esencia, la verdad de todas ellas, por eso "es la principal y las abraza a todas" (CV 4, 4). Y de ahí el principio de Teresa: "espíritu que no vaya comenzado en verdad, yo más le querría sin oración" (V 13, 16). Pues lo que hace que una virtud sea buena, es que sea humilde.

La humildad es condición de todos los dones divinos, pues es el primero de sus dones y nunca deja de serlo, como confirma Teresa con su propia experiencia: "es muy ordinario, cuando alguna particular merced recibo del Señor, haberme primero deshecho a mí misma, para que vea más claro cuan fuera de merecerlas yo, son" (V 38, 17). Por eso, lejos de reducirse a una primera etapa, la humildad es la raíz permanente de toda vida espiritual, como la raíz del árbol que no deja de profundizar a medida que éste crece. Y por esto, concluye Teresa: "como este edificio todo va fundado en humildad, mientras más allegados a Dios, más adelante ha de ir esta vitud, y si no, todo va perdido" (V 12, 4; 7M 4, 8).

Tenemos que tener cuidado con nuestra supuesta humildad. La virtud se prueba y se fortalece en la prueba. Santa Teresa lo recordaba a sus monjas: "Adonde el demonio puede hacer gran daño sin entenderle, es haciéndonos creer que tenemos virtudes no las teniendo, que esto es pestilencia" (CV 38, 5). Y no desanimarmos por los altibajos en la vida cristiana y en la práctica de las virtudes. La misma Santa Teresa experimentó esto: "unas veces me parece que estoy muy desasida, y en hecho de verdad, venida la prueba lo estoy; otra vez me hallo tan asida, y de cosas que por ventura el día de antes burlara yo de ello, que casi no me conozco. Otras veces me parece tengo mucho ánimo y que a cosa que fuere servir a Dios, no volvería el rostro; y probado es así que le tengo para algunas; otro día viene que no me hallo con ánimo para matar una hormiga por Dios, si en ello halláse contradición. Así, unas veces me parece que de ninguna cosa que murmurasen ni dijesen de mí, no se me da nada, y probado, algunas veces es así, que antes me da contento. Vienen días que sólo una palabra me aflige y querría irme del mundo, porque me parece me cansa en todo. Y en esto, no sola yo, que lo he mirado en muchas personas mejores que yo, y sé que pasa así"(CV 38, 6). 

miércoles, 25 de julio de 2012

"Verdadera humildad"


La otra virtud que nos propone Teresa es la humildad, "que aunque la digo a la postre es la principal y las abarca a todas". Con frecuencia nos hacemos una idea falsa de la humildad al concebirla como algo que nos rebaja, cuando es todo lo contrario. La humildad nos aporta la verdadera grandeza que en vano buscamos fuera de Dios, pues no hay nada más elevado que estar ante Dios y con Él. Quien se ha descubierto a sí mismo ante Dios, ha descubierto que sólo ahí estaba el lugar donde uno puede conocerse íntegramente, en medio de una luz que nos deja desnudos como nunca antes lo habíamos estado, y a la vez nos cubre de misericordia como nunca nadie lo había hecho. No somos humildes más que cuando nos encontramos con el amor de Dios, y Dios únicamente puede encontrarnos cuando somos humildes. De ahí la definición de Teresa: "humildad es andar en verdad delante de la Verdad misma" (6M 10, 7; V 40, 1-4), conocimiento de sí mismo ante Dios, conocernos como Dios nos conoce.

No son las actitudes artificiales: los encogimientos, las cobardías, los espíritus ñoños, la melancolía. Todo esto lo desenmascaró Teresa como "almas cobardes con amparo de humildad" (V 13, 2). La verdadera humildad es magnánima, fuerte, decidida: "No entendamos cosa en que se sirve más el Señor que no presumamos salir con ella, con su favor. Esta presunción querría yo en esta casa, que hace siempre crecer la humildad: tener una santa osadía, que Dios ayuda a los fuertes y no es aceptador de personas" (CV 16,8)

San Francisco de Sales insistía en el vínculo indisoluble entre humildad y generosidad: "Estas dos virtudes, humildad y generosidad, están tan juntas y van tan unidas la una a la otra que no pueden separarse. Pues la humildad que no entrañe generosidad es indudablemente falsa. La verdadera humildad, después de haber dicho: yo por mi no puedo nada, nada soy, cede el puesto a la generosidad que dice: yo lo puedo todo, pues pongo todda mi confianza en Dios que lo puede todo" (C. E. 21)

martes, 24 de julio de 2012

"Desasimiento de todo lo criado" (II)


Para santa Teresa, desasirse, es optar por la libertad y la gratuidad, no estar atado a nada ni a nadie.: "No consintamos, ¡oh hermanas!, que sea esclava de nadie nuestra voluntad, sino del que la compró por su sangre" (CV 4, 8). Pues el asimiento a cosas y personas, o a sí mismo, impiden cualquier actitud de entrega, y sin la entrega total, la oración se queda en buenas palabras, en deseos ineficaces: "¿Pensáis hermanas, que es poco bien procurar este bien de darnos todas al Todo sin hacernos partes?" (CV 8, 1). "Más creanme una cosa, que si hay punto de honra o de hacienda ( y esto también puede haberlo en los monasterios como fuera, aunque más quitadas están las ocasiones y mayor sería la culpa), que, aunque tenga muchos años de oración (o, por mejor decir, consideración, porque oración perfecta, en fin, quita esos resabios), que nunca medarán mucho ni llegarán a gozar el verdadero fruto de la oración" (CV 12, 5)

Teresa, como Juan de la Cruz, como todos los místicos, denuncia energicamente el espíritu posesivo como el obstáculo principal para el encuentro con Dios (con todas las connotaciones de su tiempo: puntos de honra, dependencias afectivas, etc.) y hace del paso del espíritu de posesión al de desprendimiento o gratuidad la clave para la entrada en el camino de la contemplación: "Aquí puede entrar la verdadera humildad, porque esta virtud y estotra (el desasimiento) paréceme andan juntas: son dos hermanas que no hay para qué las apartar. Verdad es que estas virtudes tienen tal propiedad, que se esconden de quien las posee, de manera que nunca las ve ni acaba de creer que tiene ninguna, aunque se lo digan; más tiénelas en tanto que siempre anda procurando tenerlas" (CV 10,3)

lunes, 23 de julio de 2012

"Desasimiento de todo lo criado" (I)


La segunda virtud que Teresa propone al que quiere ser contemplativo es "desasirse de todo lo criado". No se trata de negar las realidades mundanas o de carecer de las cosas, sino de eliminar en el sujeto el apego de ellas, entendiendo por apego la afección desordenada que convierte la realidad mundana y finita en un ídolo, en una falso dios, que decepciona el deseo depositado en ella. San Juan de la Cruz describe maravillosamente el desasimiento cuando dice: "no hablamos aquí del carecer de las cosas, porque eso no desnuda al alma si tiene apetito de ellas, sino de la dejadez del gusto y apetito de ellas, que es lo que deja al alma libre y vacía de ellas, aunque las tenga. Porque no ocupan el alma las cosas de este mundo ni la dañan, sino la voluntad y apetito de ellas que moran en ella" (1S 3, 4; D 48)

Dificilmente podrá realizar la experiencia contemplativa, y cristiana, el hombre que vive "atesorando para sí", volcado en sus posesiones y con una voluntad dominadora, adorador de sí o de objetos aúun inferiores a sí mismo. Cuando el hombre se hace posesivo, todo lo reduce a objeto de posesión: cosas, personas, la religión, el amor, la fe, Dios mismo. Un hombre así ha pervertido su condición personal, y necesita pasar del espíritu de posesión a la pobreza espiritual.

viernes, 20 de julio de 2012

El perdón como señal de amor verdadero


La señal inequívoca tanto del amor cristiano como de la contemplación está en la capacidadde perdonar, pues así como decimos que Dios nos ha amado primero (1Jn 4, 10.19), del mismo modo podemos afirmar que Dios nos ha perdonado el primero, y sentirse perdonado por Dios lleva necesariamente a reproducir dicha actitud en nuestras relaciones humanas: "Sed buenos, comprensivos, perdonándoos unos a otros, como Dios os perdonó en Cristo" (Ef 4, 32); " El Señor os ha perdonado haced vosotros lo mismo" (Col 3, 13). A veces creemos que para obtener el perdón de Dios necesitamos expiar antes nuestros pecados. La condición como hace notar santa Teresa, no es ésa: no decimos "perdónadnos, Señor, porque hacemos mucha penitencia, o porque rezamos mucho y ayunamos y lo hemos dejado todo por Vos y os amamos mucho, y no dijo porque perderíamos la vida por Vos, y otras cosas que pudiera decir, sino sólo porque perdonamos" (CV 36, 7), pasaje que da a entender que el perdón es más agradable a Dios que el martirio o la vida religiosa misma, y que fue tachado, entre otros muchos por el censor del libro.

Es tan importante esta capacidad de perdonar que parece ser lo único que Jesús exige en la oración del Padre nuestro. ¿Por qué, puestos a elegir una exigencia ética concreta entre las muchas posibles, Jesús eligíó esta de perdonar? ¿Tan importante es el perdón? Ciertamente, perdonar es importante incluso para preservar la salud. El resentimiento aumenta la presión arterial y, cuando se hace crónico, sobreviene la hipertensión crónica que provoca enfermedades del corazón. El perdón es importante también para una convivencia sana ¿Qué sería de la humanidad si no aprendieramos a perdonar? ¡Es lamentable que haya personas estigmatizadas de por vida porque quienes les rodean se niegan a olvidar su pasado! El perdón abre la puerta a un futuro nuevo. Pero es que, además, el perdón es un principio ético de primer orden. Igual que existe un orden o jerarquía en las verdades de la fe, también hay una jerarquía de valores éticos. El perdón ocupa los primeros puestos porque brota de la esencia misma de la redención, es algo que viene de Dios, que nos reconcilió en Cristo.

De ahí que santa Teresa llegue a decir que el perdón es la más clara señal de la oración contemplativa y de la unión con Dios: " Y adevertid mucho en esto que, cuando de las cosas que Dios hace merced a un alma, en la oración que he dicho de contemplación perfecta, no sale muy determinada y, si se le ofrece,las pone por obra, de perdonar cualquier injuria, por grave que sea -nada de estas naderías que llaman injurias- no se fie mucho de su oración.... No puedo yo creer que alma que tan junto llega de la divina misericordia, adonde conoce la que es y lo mucho que le ha perdonado Dios, deje de perdonar luego con toda facilidad y quede allanada en quedar muy bien con quien la injurió... Torno a decir que conozco muchas persona que las ha hecho el  Señor merced de levantarlas a cosas sobrenaturales, dándoles esta oración o contemplación que queda dicha, y auqnue las veo con otras faltas e imperfecciones, con esta no he visto ninguna, ni creo la habrá, si las mercedes son de Dios, como he dicho. El que las recibiere mayores,mire en sí como van creciendo estos afectos; y si no viere en sí ninguno, témase mucho y no crea estos regalos son de Dios" (CV 36,8.12-13)

jueves, 19 de julio de 2012

"Amor de unas con otras"


La vida cristiana tiene como base un mismo amor: el amor a Dios y al prójimo. La vida contemplativa, tal como la propone Teresa, que es una forma de ser cristiano, tiene ese mismo amor como base. La vida contemplativa tiende a la comunión con Dios, por eso el amor es lo único que nos une a Dios, y por eso el amor es presentado por Teresa como único cámino.

Cada uno de esos dos amores, tiene su función: el amor al prójimo hace de parámetro: " "Las más cierta señal que hay de sí guardamos el amor a Dios, es guardando bien la del amor del prójimo, porque si amamos a Dios no se puede saber, aunque hay indicios grandes para entender que le amamos, más el del prójimo sí" (5M 4,8). Y el amor de Dios hace de raíz, pues " todos los demás amores dependen de ese amor" (V 40, 4); por eso en otra parte dice: " Porque creo yo según es malo nuestro natural, que si no es naciendo de raíz del amor de Dios, que no llegaremos a tener con perfección el del prójimo" (5M 4,9).

La experiencia teresiana va más alla, e incluso entiende que lo mejor, lo más agradable, que podemos dar a Dios, es dejarlo a él, para servir al prójimo. No olvidemos que quien habla es una contemplativa, una mujer fuerte de oración, pero que en la madurez de su experiencia cristiana, descubre el lugar santo de la presencia de Dios: el otro: "¡Oh Jesús mío, cuán grande es el amor que tenéis a los hijos de los hombres, que el mayor servicio que se os puede hacer es dejaros a vos por su amor y ganancia, y entonces sois poseído más enteramente; porque aunque no satisface tanto en gozar la voluntad, el alma se goza de que os contenta a Vos, y ve que los gozos de la tierra son inciertos, aunque parezcan dados de vos, mientras vivimos en esta mosrtalidad, si no van a compañados con el amor del prójimo. Quien no le amare, no os ama, Señor mío, pues con tanta sangre vemos mostrado el amor tan grande que tenéis a los hijos de Adán" (E 2, 3)

miércoles, 18 de julio de 2012

Virtudes "teresianas"


El proyecto de vida contemplativa que propone Teresa en su libro Camino de Perfección se sustenta en unas sólidas báses que es el amor, el desasimiento y la humildad. Virtudes que en palabras suyas "paréceme andan siempre juntas" (CV 10,3) y que "son necesarias tener las que pretenden llevar camino de oración", de manera que "es imposible, si no las tienen, ser muy contemplativas, y, cuando pensaren lo son, están muy engañadas" (CV 4, 3).

Teresa dedica en este libro, dedicado totalmente a la oración, doce capítulos a tratar de estas virtudes. Porque Teresa está convencida que no hay verdadera contemplación, sin el fundamento teologal de las virtudes: "Diréis, mis hijas, que para qué os hablo en virtudes, que hartos libros tenéis que os las enseñan, que no queréis sino contemplación... Mas contemplación es otra cosa, hijas; que este es el engaño que todos traemos, que en llegándose uno un rato cada día a pensar sus pecados (que está obligado a ello si es cristiano de más que nombre), luego dicen es muy contemplativo..." (CE 24, 3-4) Pero santa Teresa es clara, y no tiene dudas, de que el camino de oración ha de ir asentado en las virtudes: "espíritu (persona quiere decir) que no vaya asentado en verdad yo más le quería sin oracíón" (V 13, 16).

Por la importancia que Madre Teresa da a estas virtudes vamos a dedicar a ellas los siguientes post, intentando desgranarlas y aplicarlas a la vida actual.

jueves, 12 de julio de 2012

Oración de recogimiento pasivo (Textos)


"Hagamos cuenta que estos sentidos y potencias..., que se han ido fuera y andan con gente extraña, enemiga del bien de este castillo, días y años; y que ya se han ido, viendo su perdición, acercandose a él, aunque no acaban de estar dentro. Visto ya al gran rey, que está en la morada de este castillo, su buena voluntad, por su gran misericordia quiérelos tornar a Él, y como buen pastor, con un silvo tan suave, que casi ellos mesmos no lo entienden, hace que conozcan su voz y no anden tan perdios, sino que se tornen a su morada, y tiene tanta fuerza este silbo del Pastor, que desamparan las cosas exteriores en que estaban enajenados, y métense en el castillo" (4M 3, 2-3).

"Un recogimiento que también me parece sobrenatural, porque no es estar en oscuro, ni cerrar los ojos, ni consiste en cosa exterior, puesto que, sin quererlo, se hace esto de cerrar los ojos y desear soledad, y sin artificio, parece que se va labrando el edificio para la oración que queda dicha".( 4M 3, 1)

"Y no penséis que es por el entendimiento adquirido, procurando pensar dentro de sí a Dios, ni por la imaginación, imaginándole en sí. bueno, es esto, y excelente manera de meditación. Más lo que digo es en diferente manera; y que algunas veces, antes que se comienza a pensar en Dios, ya esta gente está en el castillo, que no sé como por dónde ni cómo oyó el silbo de su pastor, que no fue por los oídos...., más siéntese notablemente un encogimiento suave a lo interior" (4M 3,3)

Oración de recogimiento pasivo


Aquí la Madre Teresa ya no habla de pensar ni de imaginar, sino de un movimiento expontáneo hacia el interior no provocado por uno mismo. Las reflexiones religiosas y las imágenes han quedado atrás; ya no son importantes, así como también pierde valor el esfuerzo personal.

No obstante, la mente no está en una pasividad anodina, como si estuviera en blanco; por el contrario, toda la persona está completamente atenta, alerta al amor que se revela sin que ella lo pretenda.

Lo único que interesa en este estado de reogimiento es que uno esté abandonado a una Presencia que lo arropa y acoge. Es una presencia sin imagen. La oración aquí se hace contemplativa por sí misma y toda ella transcurre en este deleite suave de estar recogido, perdido a todos los entretenimientos que nos extrovierten.

Estamos ya en una oración mística que es don de Dios. No es lo que nosotros hacemos, sino que es Dios quien obra en nosotros. Todo el camino realizado hasta el momento ha sido liberarnos de nuestras imágenes, nuestros conceptos sobre Dios, para poder dejarle obrar con libertad. El camino de la oración ha sido un proceso de liberación de nosotros mismos, y de apertura al misterio de Dios, empequeñecido por nuestras imágenes y conceptos. Cuando la persona deja a Dios ser Dios en su vida, no es la persona la que ora, sino el Espíritu quien mueve su alma, mente y corazón. Este es el camino contemplativo cristiano.

Santa Teresa lo describe así: "Un recogimiento interior que se siente en el alma, que parece ella tiene allá otros sentidos, como acá los exteriores... y así algunas veces los llevá tras sí, que le da gana de cerrar los ojos y no oír ni ver ni entender, sino aquello en que el alma entonces se ocupa" (CC 54,3)

miércoles, 11 de julio de 2012

Oración de recogimiento activo (textos)


"Llámase recogimiento activo, porque recoge el alma todas las potencias y se entra dentro de sí con su Dios, y viene con más brevedad a enseñarla su divino Maestro y a darla oración de quietud que de ninguna otra manera. Porque allí metida consigo misma puede pensar en la pasión, y representar  allí al Hijo y ofrecerle al Padre, y no cansar el entendimiento andándole buscando en el monte Calvario, y al huerto y a la columna" (CV. 28, 4)

"Miren también este aviso los que discurren mucho con el entendimiento... digo que no se les vaya todo el tiempo en esto; porque, aunque es muy meritorio, no les parece -como es oración sabrosa- que ha de haber día de domingo, ni rato que no sea trabajar (luego les parece perdido el tiempo), y tengo yo por muy ganada esta pérdida" (V. 13,11). Lo que la santa viene a decir en este texto, es que en esa oración en que no hablamos ni pensamos, ni discurrimos, en que parece que no hacemos nada, sino que simplemente estamos al calor de Dios, no es pérdida de tiempo, sino comunicación sabrosa, sin ruído de palabras. Nos anima encarecidamente a que entremos en la oración contemplantiva, dejando de pensar cosas sobre Dios o de centrarnos en nuestra vida. La santa invita al descanso, el domingo, en la oración. Es un estarse a solas con Dios.

"Pues tornando a lo que decía, de pensar a Cristo en la columna, es bueno discurrir un rato y pensar las penas que allí tuvo, y porqué las tuvo, y quién es el que las tuvo, y el amor con qué las pasó; más no se canse siempre en andar a buscar esto, sino que esté allí con él, acallado el entendimiento. Si pudiere ocuparle en que mire que le mira, y le acompañe y hable y pida, y se humille y regale con él, y se acuerde que no merecía estar allí... y hace muchos provechos esta manera de oración; al menos hallóle mi alma (V. 13, 22)

El texto principal que resume muy bien este tipo de oración es este: "No os pido ahora que penséis en él, ni que saquéis muchos conceptos, ni qué hagáis grandes y delicadas consideraciones con vuestro entendimiento; no os pido más de que le miréis...(CV 26, 3)

"Las que de esta manera se pudieran encerrar en este cielo pequeño de nuestra alma -adonde está el que le hizo, y la tierra- y acostumbrar a no mirar ni estar adonde se distraigan estos sentidos exteriores, crea que lleva excelente camino y que no dejará de llegar a beber el agua de la fuente, porque camina mucho en poco tiempo" (V 28,5)