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martes, 7 de agosto de 2012

La vida contemplativa es fuente de humanización


La vida contemplativa constituye una forma eminente de realización de la condición humana. Ser contemplativo no es más que ejercer, vivir, poner en práctica la capacidad de infinito, la condición de imagen de Dios presente en cada persona. De este ejercicio de lo mejor, de lo más sublime que hay en el hombre, se sigue una capacidad humanizadora, una fuente inestimable de lo humano.

El amor de Dios, es más ensanchador que ocupador; no viene a llenar el corazón del hombre como si se tratara de una carencia, sino a dilatarlo en la medida misma de Dios; y desde ahí, gracias  a esa dilatación de sus posibilidades que le confiere la inserción en la generosa corriente del amor de Dios, le capacita para amar a los demás, destinatarios naturales del amor de Dios, y al mundo creado por Dios como medio de su realización. Aceptar el amor originario de Dios no consiste en encerrarlo dentro de nosotros, sino en hacernos sus mediadores prolongándolo en nuestro amor universal a todo lo que existe. De ahí la estrecha relación del amor de Dios con el amor a lo hermanos que lleva al Nuevo Testamento a afirmar expresamente: "Quien no ama no conoce a Dios, porque Dios es amor"; "en esto sabemos que hemos pasado de la muerte a la vida, en que amamos a nuestros hermanos"; y " quien no ama a su hermano a quien ve, no puede amar a Dios a quien no ve" (1Jn 4, n8.20) Esto ha llevado a los místicos de todas las tradiciones a mostrar el amor a los hermanos como manifestación y garantía de la verdad del amor de Dios.

De ello ofrece Teresa incontables testimonio en sus escritos. En las Moradas por ejemplo, repite una y otra vez: " Entendamos, hijas mías, que la perfección verdadera es amor de Dios y del prójimo, y mientras con más perfección guardemos estos dos mandamientos, seremos más perfectas" (1M 2, 17). "Acá solas estas dos cosas nos pide el Señor, amor de su Majestad y del prójimo, es en lo que hemos de trabajar" (5M 3, 7). "Que no, hermanos, no; obras quiere el Señor, y que si ves una enferma a quien puedes dar algún alivio, no se te de nada perder esa devoción y te compadezcas de ella" (5M 3, 11) "Para esto es la oración, hijas mías; de esto sirve este matrimonio espiritual, de que nazcan siempre obras, obras" (7M 4,6)

jueves, 26 de julio de 2012

La contemplación teresiana es ejercitar las virtudes

Santa Teresa pone como condición para la contemplación las tres virtudes de las que hemos venido hablando: Amor de unas con otras, desasimiento, y verdadera humildad. Las tres virtudes, son una disposición para la experiencia contemplativa, y, en extremo, también la prueba de que nuestra oración es verdadera. Y esto, porque la contemplación no es otra cosa que la puesta en práctica de la fe, y ejercer vitalmente la fe, la esperanza y la caridad, sin otros añadidos de conciencia, certezas o sentimientos, o gustos, ya es una oración muy verdadera, como explica Teresa en reiterados avisos: "Así que hijas, si queréis que os diga el camino para llegar a la contemplación, sufrid que sea un poco larga en estas cosas (las virtudes) aunque no os parezca luego tan importante -aunque a mi parecer no lo dejan de ser,- y si no las queréis oir ni obrar, quedáos con vuestra oración mental(meditación) toda vuestra vida, que yo os aseguro a vosotras y a todas las personas que buscan este bien, que no lleguéis a verdadera contemplación" (si no es por el camino de las virtudes) (CV 16, 1) " Y así, no os espantéis hermanas, de lo mucho que he puesto en este libro para que procuréis esta libertad" (CV 19, 4)


"Verdadera humildad" (II)


La humildad es la lucidez propia del amor, es lo que hace que un bien sea un bien: un amor sin humildad no ama de verdad; una esperanza sin humildad, no es sino presunción, capaz de tornarse en desaliento ante la mínima prueba; un perdón sin humildad no es más que otra vuelta en el círculo de la venganza, y así con todo. Más que una virtud la humildad es la esencia, la verdad de todas ellas, por eso "es la principal y las abraza a todas" (CV 4, 4). Y de ahí el principio de Teresa: "espíritu que no vaya comenzado en verdad, yo más le querría sin oración" (V 13, 16). Pues lo que hace que una virtud sea buena, es que sea humilde.

La humildad es condición de todos los dones divinos, pues es el primero de sus dones y nunca deja de serlo, como confirma Teresa con su propia experiencia: "es muy ordinario, cuando alguna particular merced recibo del Señor, haberme primero deshecho a mí misma, para que vea más claro cuan fuera de merecerlas yo, son" (V 38, 17). Por eso, lejos de reducirse a una primera etapa, la humildad es la raíz permanente de toda vida espiritual, como la raíz del árbol que no deja de profundizar a medida que éste crece. Y por esto, concluye Teresa: "como este edificio todo va fundado en humildad, mientras más allegados a Dios, más adelante ha de ir esta vitud, y si no, todo va perdido" (V 12, 4; 7M 4, 8).

Tenemos que tener cuidado con nuestra supuesta humildad. La virtud se prueba y se fortalece en la prueba. Santa Teresa lo recordaba a sus monjas: "Adonde el demonio puede hacer gran daño sin entenderle, es haciéndonos creer que tenemos virtudes no las teniendo, que esto es pestilencia" (CV 38, 5). Y no desanimarmos por los altibajos en la vida cristiana y en la práctica de las virtudes. La misma Santa Teresa experimentó esto: "unas veces me parece que estoy muy desasida, y en hecho de verdad, venida la prueba lo estoy; otra vez me hallo tan asida, y de cosas que por ventura el día de antes burlara yo de ello, que casi no me conozco. Otras veces me parece tengo mucho ánimo y que a cosa que fuere servir a Dios, no volvería el rostro; y probado es así que le tengo para algunas; otro día viene que no me hallo con ánimo para matar una hormiga por Dios, si en ello halláse contradición. Así, unas veces me parece que de ninguna cosa que murmurasen ni dijesen de mí, no se me da nada, y probado, algunas veces es así, que antes me da contento. Vienen días que sólo una palabra me aflige y querría irme del mundo, porque me parece me cansa en todo. Y en esto, no sola yo, que lo he mirado en muchas personas mejores que yo, y sé que pasa así"(CV 38, 6). 

martes, 24 de julio de 2012

"Desasimiento de todo lo criado" (II)


Para santa Teresa, desasirse, es optar por la libertad y la gratuidad, no estar atado a nada ni a nadie.: "No consintamos, ¡oh hermanas!, que sea esclava de nadie nuestra voluntad, sino del que la compró por su sangre" (CV 4, 8). Pues el asimiento a cosas y personas, o a sí mismo, impiden cualquier actitud de entrega, y sin la entrega total, la oración se queda en buenas palabras, en deseos ineficaces: "¿Pensáis hermanas, que es poco bien procurar este bien de darnos todas al Todo sin hacernos partes?" (CV 8, 1). "Más creanme una cosa, que si hay punto de honra o de hacienda ( y esto también puede haberlo en los monasterios como fuera, aunque más quitadas están las ocasiones y mayor sería la culpa), que, aunque tenga muchos años de oración (o, por mejor decir, consideración, porque oración perfecta, en fin, quita esos resabios), que nunca medarán mucho ni llegarán a gozar el verdadero fruto de la oración" (CV 12, 5)

Teresa, como Juan de la Cruz, como todos los místicos, denuncia energicamente el espíritu posesivo como el obstáculo principal para el encuentro con Dios (con todas las connotaciones de su tiempo: puntos de honra, dependencias afectivas, etc.) y hace del paso del espíritu de posesión al de desprendimiento o gratuidad la clave para la entrada en el camino de la contemplación: "Aquí puede entrar la verdadera humildad, porque esta virtud y estotra (el desasimiento) paréceme andan juntas: son dos hermanas que no hay para qué las apartar. Verdad es que estas virtudes tienen tal propiedad, que se esconden de quien las posee, de manera que nunca las ve ni acaba de creer que tiene ninguna, aunque se lo digan; más tiénelas en tanto que siempre anda procurando tenerlas" (CV 10,3)

lunes, 23 de julio de 2012

"Desasimiento de todo lo criado" (I)


La segunda virtud que Teresa propone al que quiere ser contemplativo es "desasirse de todo lo criado". No se trata de negar las realidades mundanas o de carecer de las cosas, sino de eliminar en el sujeto el apego de ellas, entendiendo por apego la afección desordenada que convierte la realidad mundana y finita en un ídolo, en una falso dios, que decepciona el deseo depositado en ella. San Juan de la Cruz describe maravillosamente el desasimiento cuando dice: "no hablamos aquí del carecer de las cosas, porque eso no desnuda al alma si tiene apetito de ellas, sino de la dejadez del gusto y apetito de ellas, que es lo que deja al alma libre y vacía de ellas, aunque las tenga. Porque no ocupan el alma las cosas de este mundo ni la dañan, sino la voluntad y apetito de ellas que moran en ella" (1S 3, 4; D 48)

Dificilmente podrá realizar la experiencia contemplativa, y cristiana, el hombre que vive "atesorando para sí", volcado en sus posesiones y con una voluntad dominadora, adorador de sí o de objetos aúun inferiores a sí mismo. Cuando el hombre se hace posesivo, todo lo reduce a objeto de posesión: cosas, personas, la religión, el amor, la fe, Dios mismo. Un hombre así ha pervertido su condición personal, y necesita pasar del espíritu de posesión a la pobreza espiritual.

miércoles, 18 de julio de 2012

Virtudes "teresianas"


El proyecto de vida contemplativa que propone Teresa en su libro Camino de Perfección se sustenta en unas sólidas báses que es el amor, el desasimiento y la humildad. Virtudes que en palabras suyas "paréceme andan siempre juntas" (CV 10,3) y que "son necesarias tener las que pretenden llevar camino de oración", de manera que "es imposible, si no las tienen, ser muy contemplativas, y, cuando pensaren lo son, están muy engañadas" (CV 4, 3).

Teresa dedica en este libro, dedicado totalmente a la oración, doce capítulos a tratar de estas virtudes. Porque Teresa está convencida que no hay verdadera contemplación, sin el fundamento teologal de las virtudes: "Diréis, mis hijas, que para qué os hablo en virtudes, que hartos libros tenéis que os las enseñan, que no queréis sino contemplación... Mas contemplación es otra cosa, hijas; que este es el engaño que todos traemos, que en llegándose uno un rato cada día a pensar sus pecados (que está obligado a ello si es cristiano de más que nombre), luego dicen es muy contemplativo..." (CE 24, 3-4) Pero santa Teresa es clara, y no tiene dudas, de que el camino de oración ha de ir asentado en las virtudes: "espíritu (persona quiere decir) que no vaya asentado en verdad yo más le quería sin oracíón" (V 13, 16).

Por la importancia que Madre Teresa da a estas virtudes vamos a dedicar a ellas los siguientes post, intentando desgranarlas y aplicarlas a la vida actual.

jueves, 12 de julio de 2012

Oración de recogimiento pasivo (Textos)


"Hagamos cuenta que estos sentidos y potencias..., que se han ido fuera y andan con gente extraña, enemiga del bien de este castillo, días y años; y que ya se han ido, viendo su perdición, acercandose a él, aunque no acaban de estar dentro. Visto ya al gran rey, que está en la morada de este castillo, su buena voluntad, por su gran misericordia quiérelos tornar a Él, y como buen pastor, con un silvo tan suave, que casi ellos mesmos no lo entienden, hace que conozcan su voz y no anden tan perdios, sino que se tornen a su morada, y tiene tanta fuerza este silbo del Pastor, que desamparan las cosas exteriores en que estaban enajenados, y métense en el castillo" (4M 3, 2-3).

"Un recogimiento que también me parece sobrenatural, porque no es estar en oscuro, ni cerrar los ojos, ni consiste en cosa exterior, puesto que, sin quererlo, se hace esto de cerrar los ojos y desear soledad, y sin artificio, parece que se va labrando el edificio para la oración que queda dicha".( 4M 3, 1)

"Y no penséis que es por el entendimiento adquirido, procurando pensar dentro de sí a Dios, ni por la imaginación, imaginándole en sí. bueno, es esto, y excelente manera de meditación. Más lo que digo es en diferente manera; y que algunas veces, antes que se comienza a pensar en Dios, ya esta gente está en el castillo, que no sé como por dónde ni cómo oyó el silbo de su pastor, que no fue por los oídos...., más siéntese notablemente un encogimiento suave a lo interior" (4M 3,3)

Oración de recogimiento pasivo


Aquí la Madre Teresa ya no habla de pensar ni de imaginar, sino de un movimiento expontáneo hacia el interior no provocado por uno mismo. Las reflexiones religiosas y las imágenes han quedado atrás; ya no son importantes, así como también pierde valor el esfuerzo personal.

No obstante, la mente no está en una pasividad anodina, como si estuviera en blanco; por el contrario, toda la persona está completamente atenta, alerta al amor que se revela sin que ella lo pretenda.

Lo único que interesa en este estado de reogimiento es que uno esté abandonado a una Presencia que lo arropa y acoge. Es una presencia sin imagen. La oración aquí se hace contemplativa por sí misma y toda ella transcurre en este deleite suave de estar recogido, perdido a todos los entretenimientos que nos extrovierten.

Estamos ya en una oración mística que es don de Dios. No es lo que nosotros hacemos, sino que es Dios quien obra en nosotros. Todo el camino realizado hasta el momento ha sido liberarnos de nuestras imágenes, nuestros conceptos sobre Dios, para poder dejarle obrar con libertad. El camino de la oración ha sido un proceso de liberación de nosotros mismos, y de apertura al misterio de Dios, empequeñecido por nuestras imágenes y conceptos. Cuando la persona deja a Dios ser Dios en su vida, no es la persona la que ora, sino el Espíritu quien mueve su alma, mente y corazón. Este es el camino contemplativo cristiano.

Santa Teresa lo describe así: "Un recogimiento interior que se siente en el alma, que parece ella tiene allá otros sentidos, como acá los exteriores... y así algunas veces los llevá tras sí, que le da gana de cerrar los ojos y no oír ni ver ni entender, sino aquello en que el alma entonces se ocupa" (CC 54,3)

domingo, 8 de julio de 2012

Pedagogía Teresiana: oración discursiva


En la oración discursiva o medtación la persona ora a través del pensamiento, de las ideas, de las sucesivas reflexiones. Pero es necesario aclarar que lo que diferencia a esta oración del discurso teológico es el fin. En ella, lo que se pretende es mover el afecto a Dios; su finalidad es provocar amor afectuoso, siendo el pensamiento una forma de inducir ese afecto.

No obstante, es una oración exterior, pues el pensamiento está orientado a reflexionar en cosas, situaciones y figuras externas a nosotros, aunque estas sean religiosas. En la pedagía teresiana esto es inevitable para la persona acostumbrada a estar en la exterioridad. La meditación impulsa a la persona acostumbrada a estar en la exterioridad a que abandone los afectos que la atan y que los sustituya por efectos espirituales: para ello usa reflexiones religiosas.

1) "LLamo yo meditación al discurrir mucho con el entendimiento de esta manera: comenzamos a pensar en la merced que nos hizo Dios en darnos a su único Hijo, y no paramos allí, sino vamos adelante en los misterios de su gloriosa vida; o comenzamos en la oración del huerto, y no para el entendimiento hasta que está puesto en la cruz; o tomamos un paso de la Pasión, digamos como el prendimiento, y andamos en este misterio, considerando por menudo las cosas que hay que pensar en él y qué sentir, así de la traición de Judas, como de la huída de los apóstoles, y todo lo demás; y es admirable y muy meritoria oración. (6M. 7,10)

2) Puede representarse delante de Cristo y acostumbrarse a enamorarse mucho de su sagrada humanidad y traerla siempre consigo y hablar con Él, pedirle para sus necesidades, y quejársele de sus trabajos... sin procurar oraciones hechas, sino palabras conforme a sus deseos y necesidad. Es excelente manera de aprovechar y muy en breve (V. 12, 2)

3) ...Consideren la grandeza y majestad de Dios" (1M 2,8)

4) "Pues tornando a lo que decía, ponémonos a pensar un paso de la Pasión, digamos el de cuando estaba el Señor a la columna. Anda el entendimiento buscando las causas que allí da a entender, los dolores grandes y pena que su majestad tenía en aquella soledad, y otras muchas cosas que, si el entendimiento es obrador, podrá sacar de aquí... Es el modo de oración en que han de comenzar todos". (V 13, 13)

5) "Discurriendo en lo que es el mundo, y en lo que debe a Dios, y en lo mucho que sufrió y lo poco que le sirve, y lo que da a quién le ama, saca doctrina para defenderse de los pensamientos y de las ocasiones y peligros" (V. 4, 9)

sábado, 7 de julio de 2012

La contemplación


La entrada en el castillo interior que Santa Teresa nos propone sólo sucede, cuando hay un corazón humilde; lo cual, significa un corazón que nada retiene, que no está pensando en sí mismo,ni en sus éxitos, ni en sus fracasos, ni tan siquiera en sus debilidades físicas o psicológicas, ni en sus límites. Es el ser humano que se ha olvidado de sí mismo el que entra a beber de las aguas de la contemplación

La semana siguiente empezaremos a ver, con textos de la santa, el método que ella nos propone en el camino de la oración. Pero no podemos olvidar que Para Teresa, la contemplación, es "mística". Una experiencia de Dios. Y la experiencia de Dios no es algo que se pueda provocar. El que yo experimente esa presencia es un don de Dios. Es una irrupción de Dios que no puedo dejarde dudar que está en mi. La contemplación no se provoca con nuestras propias fuerzas, es un don, un regalo de Dios.

Para Teresa la contemplación es algo vital y existencial, no algo puramente intelectual. La contemplación es el anhelo profundo que existe en la persona humana. Todos tenemos sed de esta agua que es el amor de Dios. Por eso, yo os invito , Teresa nos invita, mejor dicho, a que tomemos conciencia de cual es nuestra sed, y que seamos conscientes de que nuestra sed sólo,  se sacia en Dios, y nada más que en Dios. El camino de la oración es un camino hacia la unión con Dios, donde nos saciamos con el agua viva.

jueves, 5 de julio de 2012

Actitudes prácticas de la oración


Acostumbrarse a soledad: la amistad necesita intimidad. No es soledad para aislarse, sino para encontrarse con Dios. La soledad ayuda a que se realice ese dinamismo para hacernos conscientes de esa presencia. Esa soledad nos ayuda a vivir esa presencia a lo largo de la jornada. No se puede olvidar tampoco la sentencia teresiano: "mal asunto si sólo en los rincones pudiéramos tener oración".

"Gran cosa son las letras para dar en todo luz" "buen letrado nunca me engaño". Para santa Teresa la espiritualidad ha de ser sólida. Ha de nacer de un encuentro con la Palabra de Dios, pero no sólo sensitivo, sino "en razón". Teresa nos invita a formarnos. Ella sufrió mucho la influencia de espirituales que sin mala intención la equivocaron en el camino. Cuando tenga que elegir entre una persona espiritual y una formada, elegirá la ciencia, sobretodo la ciencia de las Sagradas Escrituras. Nada de devociones "a bobas", sino una espiritualidad fuerte, donde el corazón y la mente van de la mano.

"No a todos lleva Dios por el mismo camino" El camino de cada persona es diferente. No podemos olvidar esto para no caer en el error. Santa Teresa nos eneseña, " que a quien le pareciere que va más bajo, puede ir muy alto a los ojos del Señor". Teresa presta mucha atención a la persona.No se sujeta a tópicos, ni a caminos trillados. Dios siempre sabe más en el camino personal de cada persona. Existe una gran divesidad de caminos y de personas. Lo valioso, es el servir, el amar. Ese es el camino auténtico. "Lo que más te lleve a amar, eso haced". El camino espiritual es que en nuestras situaciones concretas, estemos amando.. Ni activo, ni contemplatico, se trata de servir. En las septimas moradas, en la altura de la contemplación, Marta y María andan juntas.

"Dios no se da, sino a quien se da del todo" "erramos por no poner losojos en el verdadero camino" Hay que ser osados; este camino nos lleva a ser amios de Dios. Dios y yo lo podemos todo. Santa Teresa no quiere ánimos apocados,melancólicos.Nos invita a ser aventureos, correr riesgos, ¡¡¡hacer locuras!!!!

"Mirad que convida el Señor a todos" "No hagáis miedo, muráis de sed en este camino" "Nadie tiene escusa por ruín que sea" No hay que forzar a la persona. Basta con que uno se empeñe en lo que puede. Hacer lo que está en manos de uno. Cada uno ha de dar lo que es. Santa Teresa está convencida de que todos estamos llamados a la contemplación.

lunes, 2 de julio de 2012

Hacer presente a Cristo


El primer paso en la oración Teresiana es recogerse. Recogerse es hacer presente a Cristo en nuestro ahora. Para Teresa, Jesus no es un personage del pasado al que recordamos o imaginamos, sino que es un contemporáneo nuestro que se nos hace presente, que se viene a estar con nosotros, a acompañar nuestro camino de la vida.

El primer paso en la oración es buscar compañía, hacer presente a Cristo. Teresa no propone una oración piramidal donde Dios está arriba y yo abajo, sino una oración de amistad, donde los amigos se encuentran.

Teresa nos invita a entrar dentro de nosotros, donde tenemos tal huesped. Estemos dentro con Él. Puesto que Cristo está en mi, tenemos que centrar nuestro ser en esa presencia. Teresa tiene una visión tremendamente positiva del ser humano. Dios no deja nunca de estar presente en el hombre. Y esa presencia de Dios no depende de que yo sea bueno, sino que siempre está ahí. Esa presencia de Dios en mí es un regalo, es pura gratuidad.

Teresan invita al hombre a volver a Dios, pero no un Dios que está lejano en los Cielos, sino que invita al hombre a volver a su hogar. Pues la casa del hombnre es donde habita el Padre, y por eso la casa del hombre, mi casa, es la casa del Padre.

El interés por la persona que Teresa va descubriendo a lo largo de su vida, no la encierra en el individualismo. Frente a la tentación hoy tan presente de usar la oración como terapia antiestress, buscar la paz y la armonía perdida, Teresa está convencida que la persona de oración entra en este camino para servir a la comunidad. Pues Teresa va tomando conciencia de lo peligroso que es recorrer el camino de la oración en solitario.

Por eso, Teresa va a tomar conciencia de la necesidad de apoyarse los unos a los otros: "hacerse espaldas". Y en el camino de la oración va a señalar con especial interés el amor y la amistad. La oración necesaramiente para Teresa tiene que llevar a compartir. Pues una oración que no lleva a compartir es egocentrismo.

viernes, 29 de junio de 2012

La oración es un camino de amor.


Cuando las monjas de Teresa le piden que escriba algo sobre la oración, se pone a redactar el libro"Camino de Perfección". Pacticamente el 80% del libro está dedicado a las virtudes humanas y a la vida comunitaria. Pues para Teresa la vida de oración y la vida cristiana tiene que tener la base de las virtudes humanas. Oración sin virtudes es una quimera.

Los demás van a formar parte inherente en todo el proceso orante de la persona. El camino de la oración es un camino de amor, y lo que manifiesta el amor cristiano es el servicio. Para Teresa el equipaje para llegar a la meta son las virtudes: amor de unas con otras, desasimiento, humildad, amor comprometido.

Para ser orante hay que crecer en el amor de unos con otros, estar liberado de otros intereses que no sea el bien de los demás. Pero el amor es una condición para la oración, pero también un efecto: pues la oración nos va a ir haciendo crecer en el amor, en libertad, en humildad.

Una vida auténtica de oración se va a medir no por las muchas horas de oración, sino por lo que la persona crezca en amor a los demás, en libertad, en desasimiento.

La oación es una aventura, no un camino extático o monótono. Es una realidad abierta al crecimiento, en movimiento. Teresa es una aventurera: "fémina inquieta y andariega" la llamaban sus detractores. Y nos quiere introducir en un proceso con un dinamismo que nos abre al misterio de la propia persona y al de Dios.

miércoles, 27 de junio de 2012

Pedagogía de la oración teresiana


Teresa es una mujer de una pedagogía y una experiencia muy simple. Ella parte de su propia experiencia para llevarnos a la experiencia de Dios.

Lo primero que hay que decir, es que Teresa de la oración como práctica, es decir, del tiempo concreto que dedicamos a la oración, habla muy poco. Para Teresa la oración es, e implica, un estilo de vida, de seguimiento de Jesús.

Su definición de la oración: "estar muchas veces a solas, tratando de amistad, con quien sabemos nos ama" Oración es saber lo que decimos; a quien se lo decimos, y a quien se le dice. En una época, donde Dios es la Soberana Majestad, trata a Dios como amigo, suena muy atrevido. La oración no es culto, sino trato. Pero no es un trato cualquiera, sino un trato de amistad: yo me entrego, y el otro, se me entrega. Porque hablamos de amistad implica un compartirlo todo. Es un trato entre iguales, porque no se puede dar amistad si hay subordinación.

¿Cuales son las necesidades de la amistad? La amistad implica continuidad, repetición. Que yo me encuentre con ese alguien muchas veces para que nazca la intimidad. No se trata de forzar la voluntad para que esté con esa persona, sino a enamorar la voluntad que me lleve a estar con Él, como "con el esposo, con el Padre, con el Amigo, con el Hermano". Todas estas palabras que usa Teresa para referirse a Cristo.

El  " a solas" de la definición es la intimidad para cultivar la amistad con quien sabemos nos ama. A veces se ha hablado en la oración de las fases ascéticas. Los místicos del Carmelo ponen como elemento fundamental el "con quien sabemos nos ama". Esto no implica en un primero momento que yo tengo que amar a Dios. Sino el descubrirnos amados por Dios. Se trata de descubrir algo que de por sí ya poseo y ya tengo. No se trata de algo que tengo que alcanzar ni de dar nada a Dios, sino de descubrir que Dios me ama.

Sólo en lo que la persona es, se puede descubrir querida. El éxito en el camino oracional es ir ahondando en ese amor que Dios me tiene. El proceso es tomar conciencia de que Dios me habita, de que Dios está presente en mi vida.

En el momento en que uno se descubre amado, mis fuerzas no van a llamar la atención del que me ama, sino que descubre la gratuidad. El recogerse en oración teresiano no es un acto pisoclógico para quedarse en paz, sino que apunta a tomar conciencia de una presencia. Caer en la cuenta de que Dios nos ama porque sí, gratuitamente.

lunes, 25 de junio de 2012

¡Oh noche que juntaste amado con amada!


Cuando Dios "hace desfallecer al alma a todo lo que no es Dios naturalmente" (II, 13, 11), cuando advierte que a través de sus propios razonamientos ni ideas, incluso las más espirituales, no puede llegar a Dios, y qué unicamente mediante una fe confiada y oscura puede agradar a Dios (II, 21, 4), entonces Dios que siempre estaba dispuesto y sólo buscaba el espacio libre, del que se han expulsado los falsos dioses, puede entrar en el alma con gran ternura y amorosa amistad (II, 7, 4).

Se puede entonces empezar a producir la creación de un hombre nuevo, cuyo germen había sido puesto en en bautismo. Este hombre se encuentra participando en Dios y lo ve todo con los ojos de Dios (II, 20, 5). Este hombre es capaz de cumplir de veras con el primer precepto que dice: "amarás a tu Dios de todo corazón, y de toda tu mente, y de toda tu alma, y de todas tus uerzas".

No estamos ante un fusión panteista o simbiótica de Dios con el hombre, sino ante una amistad en la que el hombre se hace tanto más libre e independiente cuanto más vive en comunión con Dios.

  En una noche oscura,
con ansias en amores inflamada,
(¡oh dichosa ventura!)
salí sin ser notada,
estando ya mi casa sosegada.              

  A oscuras y segura,
por la secreta escala disfrazada,
(¡oh dichosa ventura!)
a oscuras y en celada,
estando ya mi casa sosegada.   
              
  En la noche dichosa,
en secreto, que nadie me veía,
ni yo miraba cosa,
sin otra luz ni guía                             
sino la que en el corazón ardía.               

  Aquésta me guïaba
más cierta que la luz del mediodía,
adonde me esperaba
quien yo bien me sabía,
en parte donde nadie parecía.                  

  ¡Oh noche que me guiaste!,
¡oh noche amable más que el alborada!,
¡oh noche que juntaste
amado con amada,
amada en el amado transformada!

viernes, 22 de junio de 2012

!oh noche dichosa!


Ayer me confesaba un amigo, que no entendía la noche oscura de la que habla san Juan de la Cruz. Y lo curioso es que en el fondo todos hemos experimentado, con mayor o menos intensidad, esa noche. Porque todos hemos tenido que experimentar el romper con tantas cosas, tantas ideas, y tantas concepciones de Dios, de una forma más o menos dolorosa.

Pero voy a tratar de explicar de una manera un poco más bíblica, lo que es y lo que significa la noche oscura.

La noche es una lucha encarnizada entre dos adversarios. Hay oposición entre la imagen de sí mismo, del mundo y de Dios que tiene el hombre, por una parte, y Dios, que quiere entrar en el alma desocupada, por otra. Juan de la Cruz conoce muy bien al hombre, y sabe, que la imagen propia y la imagen de Dios en el hombre caminan siempre juntas. Por eso no es raro que el hombre proyecte en Dios sus ansias de poder y de grandeza, normalmente ocultas, en la grandiosidad de los ritos o en los lujos sacrales, por ejemplo. O por el contrario, su poca autoestima o sus frustraciones en la imagen de un Dios que le controla, lo domina y le da miedo.

La Biblia entera es una lucha entre los ídolos y el Dios verdadero. La vida misma de Jesús se puede entender entre una lucha entre el Dios de los sacerdotes, que serán los que lo lleven a la muerte, y la manifestación de Dios-Abba en Jesús.

Cuando la persona, dejadas las propias ideas que tiene de Dios, y le deja manifestársele, este Dios, el Dios verdadero, le resulta extraño, pues de este Dios, no sabe nada, es simplemente "un no sé qué" que el alma siente que le falta (II, 7, 6). "Es estraño y ajeno a toda humana manera" (II 9, 5). Pero esto se nota, cuando desaparece la anterior imagen de Dios que era un ídolo y la imagen que el hombre tenía de sí.

La consecuencia, es al principio, una absolluta tiniebla de Dios junto con el sentimiento de la propia aniquilación, pues "nadie puede ver a Dios y quedar con vida" (Exodo). La persona, al quedarse sin las imágenes que le hacían poseer y en parte adueñarse de Dios, no tiene claro donde está Dios y quién es (II, 8, 2). Lo único que está sucediendo es que el Dios verdadero expulsa al antiguo ídolo, y el hombre se siente entonces inseguro y al mismo tiempo experimenta una gran reverencia ante el Dios vivo y verdadero que se le manifiesta.

La noche nos lleva al encuentro con un Dios extraño, al distinguirlo de todo lo obvio y natural, incluída la posesión de Dios, incluído el tener a Dos. La lucha del poder idolátrico contra el Dios verdadero, testificada a lo largo de la Biblia, continúa en las tribulaciones de los buscadores espirituales.

La noche oscura es, un estar en suspenso en el aire, sin sostén. En la noche oscura, el hombre se encuentra con el Dios de la Biblia, el Abba de Jesús, que no quiere tener otros dioses junto a sí

martes, 19 de junio de 2012

Los frutos de la noche


Orar cuando sentimos consuelo, es fácil; prácticar las buenas obras cuando nos sentimos movidos a ello, y además los demás lo saben y alaban es gratificante. Pero el amor cristiano no es amor sensible, o por lo menos no solamente amor sensible, sino que al amor cristiano lo podríamos llamar "amor comprometido". Y es este, el amor que lleva a la experiencia de Dios, y por el que san Juan de la Cruz nos quiere conducir.

Cuando la luz de Dios irrumpe en la vida de una persona, esta se queda ciega, oscura, porque es Dios quien lleva las riendas de la vida, y entonces la persona tiene que ir aprendiendo a vivir en la fe, que como dice el santo "es noche oscura para el alma".

Ese amor comprometido es lo que el santo llama: "amor infuso", porque es un amor hacia el que la persona se siente arrastrada. Y que está por encima de lo que sentimos o queremos en ese momento.

De la noche, la persona sale con un sentimiento profundo de lo poco que es; y es consciente de que sin Dios nada puede. Por eso, se acerca a Dios con mayor reverencia y respeto.

También la propia conciencia sobre su pobreza hace que la persona sea más indulgente en los juicios sobre el prójimo, y, de esta manera, la caridad fraterna viene a ser más delicada.

Pero sobretodo, aprende la persona a practicar sus buenas obras, no ya por el gusto que en ellas siente, sino por puro convencimiento de que ese es el camino de la verdadera felicidad, del encuentro con Dios.

La noche, es el paso de la edad infantil a la edad adulta en la vida cristiana. Es dejar la leche, para entrar a tomar el alimento sólido.

lunes, 18 de junio de 2012

Necesitamos la noche....


A veces la sequedad en la oración es una gracia. Pero otras veces, es el fruto de nuestra desidia. Es lo que los antiguos llamaban la tibieza. Tibio es esa persona que le da lo mismo una cosa que otra. Que ya no se esfuerza por vivir una vida conforme al Evangelio. Es aquel que la voluntad de Dios en su vida coincide peligrosamente con su propia voluntad. Es aquel que ya no busca, ni pide. Es un indeferentismo práctico, en la que la persona va perdiendo todo aliento en el servicio de Dios.

Hoy también podíamos traducir la tibieza por la llamada "religión a la carta". La persona ya no se tiene que convertir a Dios, sino que es Dios quien se debe convertir a lo que la persona espera de él. Y así Dios, se convierte en una idea, en "algo" que utilizamos para tapar nuestras carencias afectivas, mantener nuestra inmadurez psicológica, o superar los miedos que produce la fragilidad de la existencia.

San Juan de la Cruz, invita constantemente a entrar en el camino del asombro. Es decír, dejarnos seducir por un Dios que nos resulta "extraño", en el sentido que siempre es más grande, más amoroso, y más alto que lo que podamos entender de Él.

Pero entrar en el camino del asombro, lleva también la conversión, el cambio. Y este camino lleva a la noche, la oscuridad. Por eso, la "noche oscura" de la que habla san Juan de la Cruz es una gracia, porque nos abre las puertas a encontrarnos con el Dios vivo y verdadero. No es ya nuestra creación, ni la proyección de nuestras necesidades afectivas, o psicológicas, sinol a misma experiencia de Moises que tiene que descalzarse ante la zarza ardiente.

Por eso, san Juan de la CRuz, invita una y otra vez a la persona a desnudarse de sus imágenes de Dios, de sus conceptos, de todo aquello que en nuestra vida espiritual está impidiendo la manifestación del Dios vivo y verdadero.

Los cristianos de hoy, necesitan la noche, para ir dejando tantas cosas, que confunden con Dios. Para irse desprendiendo de todo aquello que hemos confundido con Dios, para abrirnos a la experiencia del encuentro de Aquel que nos llama  a una vida de comunión y de amistad con Él.

jueves, 14 de junio de 2012

Perseverar


Perseverancia, constancia, permanencia, "determinada determinación", se hace muy necesaria en la vida de oración. Es fácil experimentar a los principios luz y alegría en la oración. Hablamos al Señor con ternura y suavidad, y experimentamos en ello una gran consolación Por eso, la práctica de la oración no le resulta pesada, sino gratificante. ¿No será atraído sólo por el gusto y la paz que uno encuentra?

Pero a veves los conceptos se desvanecen, la mente se queda como en vacío, y la imaginación se torna a veces inquieta y turbulenta, añadiendo así el tormento de las distracciones. Parece que la florida primavera se ha convertido en un invierno oscuro e inclemente. Y así, día tras día, semana tras semana. Pero no te inquietes, sólo es la sequedad....

Por sequedad se entiende la supresión del consuelo que se experimenta frecuentemente en la vida espiritual; supresión que actúa sobretodo en la oración, la cual se hace oscura y fría.

No te preocupes demasiado. Hay que aguantar el chaparrón, las nubes y las posibles tormentas. Estás viviendo un proceso normal en la vida de oración. Es el exceso de la luz de Dios que ciega tu mente, pero porque hay demasiada luz. Y Dios es demasiado grande para que quede encerrado en tus conceptos y reflexiones.

San Juan de la Cruz insiste en la permanencia en la oración, aunque parezca que no hacemos nada. Esta "prueba" esconde una excelsa gracia, y este aparente retroceso esconde el llamamiento a una oración más profunda, más simple, más intuitiva que la multiplicidad de razonamientos y reflexiones.

miércoles, 13 de junio de 2012

La meditación


Hasta ahora las entradas que he ido poniendo se han centrado en las disposiciones de la persona. También en los peligros que podemos tener los espirituales, y en los pecados que con mucha frecuencia camuflamos con sutilezas espiritualistas. Quiero entrar ahora en una parte más práctica: el acto de oración. Aunque el acto de oración incluirá también propuestas de vida, pues como he repedido desde el principio, la oración para los místicos del Carmelo, más que un acto, es un estilo de vida.

La meditación en Juan de la Cruz, no es sólo paa reformar la vida, sino que es un camino hacia la contemplación, paa llegar al conocimiento amoroso de Dios: "el fin de la meditación y discurso en las cosas de Dios es sacar alguna noticia y amor de Dios" (2S 14,2)

En la meditación está claro que se piensa; pero no se piensa para hacerse más sabio, sino para amar más al Señor. Santa Teresa ya avisaba: " No está la cosa en pensar mucho, sino en amar mucho" (4M, 7). Por eso, san Juan de la Cruz sólo habla de la meditación para enseñara desprenderse gradualmente de ella y pasar cuanto antes,o, mejor dicho, disponerse a la contemplación, que es don de Dios.

El santo nos enseña que la meditación ha de ir dando paso a una mirada intuitiva con que contemple a Cristo, sin reflexiones ni consideraciones. Es lo que el santo llama "atención amorosa". Esta atención amorosa es un lenguaje silencioso de la persona, que mira afectuosamente a Dios. En la atención amorosa Dios ilumina al alma y la atrae, como el pastor atrae a las ovejas con su silvo. Por eso, santa Teresa dice que en la oración: "no os pido más de que le miréis"

La contemplación es un don de Dios, pero san Juan de la cruz nos invita a que trabajemos adquiriendo una actitud contemplativa, a que nos acostumbremos a la mirada contemplativa. La meditación nos hace caer en la cuenta del amor que Dios nos tiene; nos hace ver el camino para llegar a Dios que es vivir, sentir y actuar como vivió, sintió y actuó Jesús, y nos ayuda a entrar en la negación, el desasimiento.