jueves, 14 de junio de 2012

Perseverar


Perseverancia, constancia, permanencia, "determinada determinación", se hace muy necesaria en la vida de oración. Es fácil experimentar a los principios luz y alegría en la oración. Hablamos al Señor con ternura y suavidad, y experimentamos en ello una gran consolación Por eso, la práctica de la oración no le resulta pesada, sino gratificante. ¿No será atraído sólo por el gusto y la paz que uno encuentra?

Pero a veves los conceptos se desvanecen, la mente se queda como en vacío, y la imaginación se torna a veces inquieta y turbulenta, añadiendo así el tormento de las distracciones. Parece que la florida primavera se ha convertido en un invierno oscuro e inclemente. Y así, día tras día, semana tras semana. Pero no te inquietes, sólo es la sequedad....

Por sequedad se entiende la supresión del consuelo que se experimenta frecuentemente en la vida espiritual; supresión que actúa sobretodo en la oración, la cual se hace oscura y fría.

No te preocupes demasiado. Hay que aguantar el chaparrón, las nubes y las posibles tormentas. Estás viviendo un proceso normal en la vida de oración. Es el exceso de la luz de Dios que ciega tu mente, pero porque hay demasiada luz. Y Dios es demasiado grande para que quede encerrado en tus conceptos y reflexiones.

San Juan de la Cruz insiste en la permanencia en la oración, aunque parezca que no hacemos nada. Esta "prueba" esconde una excelsa gracia, y este aparente retroceso esconde el llamamiento a una oración más profunda, más simple, más intuitiva que la multiplicidad de razonamientos y reflexiones.

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