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martes, 7 de agosto de 2012

La vida contemplativa es fuente de humanización


La vida contemplativa constituye una forma eminente de realización de la condición humana. Ser contemplativo no es más que ejercer, vivir, poner en práctica la capacidad de infinito, la condición de imagen de Dios presente en cada persona. De este ejercicio de lo mejor, de lo más sublime que hay en el hombre, se sigue una capacidad humanizadora, una fuente inestimable de lo humano.

El amor de Dios, es más ensanchador que ocupador; no viene a llenar el corazón del hombre como si se tratara de una carencia, sino a dilatarlo en la medida misma de Dios; y desde ahí, gracias  a esa dilatación de sus posibilidades que le confiere la inserción en la generosa corriente del amor de Dios, le capacita para amar a los demás, destinatarios naturales del amor de Dios, y al mundo creado por Dios como medio de su realización. Aceptar el amor originario de Dios no consiste en encerrarlo dentro de nosotros, sino en hacernos sus mediadores prolongándolo en nuestro amor universal a todo lo que existe. De ahí la estrecha relación del amor de Dios con el amor a lo hermanos que lleva al Nuevo Testamento a afirmar expresamente: "Quien no ama no conoce a Dios, porque Dios es amor"; "en esto sabemos que hemos pasado de la muerte a la vida, en que amamos a nuestros hermanos"; y " quien no ama a su hermano a quien ve, no puede amar a Dios a quien no ve" (1Jn 4, n8.20) Esto ha llevado a los místicos de todas las tradiciones a mostrar el amor a los hermanos como manifestación y garantía de la verdad del amor de Dios.

De ello ofrece Teresa incontables testimonio en sus escritos. En las Moradas por ejemplo, repite una y otra vez: " Entendamos, hijas mías, que la perfección verdadera es amor de Dios y del prójimo, y mientras con más perfección guardemos estos dos mandamientos, seremos más perfectas" (1M 2, 17). "Acá solas estas dos cosas nos pide el Señor, amor de su Majestad y del prójimo, es en lo que hemos de trabajar" (5M 3, 7). "Que no, hermanos, no; obras quiere el Señor, y que si ves una enferma a quien puedes dar algún alivio, no se te de nada perder esa devoción y te compadezcas de ella" (5M 3, 11) "Para esto es la oración, hijas mías; de esto sirve este matrimonio espiritual, de que nazcan siempre obras, obras" (7M 4,6)

viernes, 3 de agosto de 2012

Descubrir la Trascendencia


Teresa vio el peligro, particularmente entre los letrados (aquellos que tienen estudios), de identificar la oración con una actividad intelectual: "algunos he topado que les parece que está todo el negocio en el pensamiento, y si este pueden tener mucho en Dios, aunque sea haciéndose gran fuerza, luego les parece que son espirituales; y si se divierten (se distraen), no pudiendo más aunque sea para cosas buenas, luego les viene gran desconsuelo y les parece que están perdido" (F, 5,2). Santa Teresa nos invita al descanso en la oración, a dejar pensamientos piadosos, razonmientos sobre Dios, y a entrar en el gozo de una contemplación sencilla. Ante este peligro de la oración intelectualista de la meditación discursiva, en que "no les parece que ha de haber día de Domingo, ni rato que no sea trabajar en componer razones" (V 13, 11), Teresa reaccionó diciendo que "la sustancia de la perfecta oración" no está en el pensamiento sino en el amor, "por donde el aprovechamiento del alma no está en pesar mucho, sino en amar mucho" (F 5, 2; 4M 1,7).

Por eso Teresa propone el recogimiento para introducirnos a la oración contemplativa, tal como hemos explicado en capítulos anteriores. Pero recogerse no es ensimismarse. La interioridad no es refugio para aislarnos del mundo; al contrario, es el lugar donde nos encontramos cono desfondados, remitidos a los otros, al Otro que nos precede y nos funda. El esfuerzo del recogimiento no se reduce, pues, a las técnicas de concentración o a la lucha metódica contra las distracciones y el aburrimiento en la oración.

Teresa no nos propone captar un "objeto" de posesión, sino a vaciar el propio interior, a romper con esas formas defectuosas de relación que son el espíritu de propiedad y de dominio, a purificar el corazón hasta que refleje la presencia que lo habita. Se trata de recogerse hasta trascenderse, de entrada en lo más interior de uno mismo y de salida irreprimible más allá de sí mismo, de adentrarse con Dios en el centro más secreto de uno mismo para encontrar allí el secreto originario de Dios y del hombe: Jesucristo.

Sólo quien se trasciende, quien va más allá de uno mismo, saliendo literalmente de sí, desposeyéndose de toda pretensión de dominio, podrá descubrir la trascendencia.

lunes, 30 de julio de 2012

Oración ¿mental o vocal?


Teresa en el capítulo 16 del libro "Camino de Perfección" empieza a desarrollar el tema de la oración en sentido estricto. Después de explicar lo que es meditación, contemplación, recogimiento, resume así las distintas formas de oración: " Pensar y entender qué hablamos, y con quién hablamos, y quiénes somos los que osamos hablar con tan gran Señor; pensar esto y otras cosas semejantes de lo poco que le hemos servido y lo mucho que estamos obligados a servir, es oración mental... Rezar el Paternoster y Avemaría, o lo que quisiéreis es oración vocal... En estas dos cosas podemos algo nosotros, con el favor de Dios; en la contemplación que ahora dije, ninguna cosa: su Majestad es el que todo lo hace, que es obra suya sobre nuestro natural". (CV 25, 3)

Pero la oración contemplativa es una oración sinfónica, pues contiene algo de todas las demás.. La misma Santa Teresa nos advierte "que es muy posible que estando rezando vocalmente el Paternoster os ponga el Señor en contemplación perfecta" (CV 25, 1; 30, 7). Por eso, distingue con mucho realismo lo que uno puede lograr por propio esfuerzo, las disposiciones que cada uno puede aportar, de lo que es don de Dios, y previene contra aspiraciones indiscretas que tuercen el natural, avisando que "hay diferentes caminos por donde lleva Dios" (CV 5,5). Pero a lo largo de todo el camino oracional, santa Teresa sigue diciendo que no todas han de ser contemplativas, sino que todas han de esforzarse por vivir las virtudes cristianas: " estas virtudes son las que yo deseo tengáis, hijas mías, y las que procuréis, y las que santamente envidiéis; esotras devociones no curéis tener pena por no tenerlas" (CV 18, 9) No está la vida contemplativa en sentir cosas especiales, extraordinarios, ni en ver visiones, ni siquiera en sentir a Dios. La vida contemplativa es una vida para servir, y en la que normalmente la fe se vive en confianza más que necertezas, en oscuridad más que en luz.

Y dirigiéndose a sus monjas,monjas contemplativas de estricta clausura, les recalca: "Santa era santa Marta, aunque no dicen era contemplativa; pues ¿qué más queréis que llegara ser como esta bienaventurada, que mereció tener a Cristo nuestro Señor tantas veces en su casa y darle de comer y servirle y comer a su mesa? Si se estuviera como la Magdalena embebidas, no hubiera quien diera de comer a este divino Huesped. Pues pensad que es esta congregación, la casa de Santa Marta y que ha de haber de todo... Pues si contemplar y tener oración vocal y mental, y curar enfermos, y servir en las cosas de la casa - sea en lo más bajo- todo es servir al Huésped que se viene con nosotras a estar y a comer y a recrear, ¿Qué más se nos da en lo uno que en lo otro?"V 21, 2) 

martes, 24 de julio de 2012

"Desasimiento de todo lo criado" (II)


Para santa Teresa, desasirse, es optar por la libertad y la gratuidad, no estar atado a nada ni a nadie.: "No consintamos, ¡oh hermanas!, que sea esclava de nadie nuestra voluntad, sino del que la compró por su sangre" (CV 4, 8). Pues el asimiento a cosas y personas, o a sí mismo, impiden cualquier actitud de entrega, y sin la entrega total, la oración se queda en buenas palabras, en deseos ineficaces: "¿Pensáis hermanas, que es poco bien procurar este bien de darnos todas al Todo sin hacernos partes?" (CV 8, 1). "Más creanme una cosa, que si hay punto de honra o de hacienda ( y esto también puede haberlo en los monasterios como fuera, aunque más quitadas están las ocasiones y mayor sería la culpa), que, aunque tenga muchos años de oración (o, por mejor decir, consideración, porque oración perfecta, en fin, quita esos resabios), que nunca medarán mucho ni llegarán a gozar el verdadero fruto de la oración" (CV 12, 5)

Teresa, como Juan de la Cruz, como todos los místicos, denuncia energicamente el espíritu posesivo como el obstáculo principal para el encuentro con Dios (con todas las connotaciones de su tiempo: puntos de honra, dependencias afectivas, etc.) y hace del paso del espíritu de posesión al de desprendimiento o gratuidad la clave para la entrada en el camino de la contemplación: "Aquí puede entrar la verdadera humildad, porque esta virtud y estotra (el desasimiento) paréceme andan juntas: son dos hermanas que no hay para qué las apartar. Verdad es que estas virtudes tienen tal propiedad, que se esconden de quien las posee, de manera que nunca las ve ni acaba de creer que tiene ninguna, aunque se lo digan; más tiénelas en tanto que siempre anda procurando tenerlas" (CV 10,3)

martes, 10 de julio de 2012

Pedagogía teresiana: oración de recogimiento activo


El recogimiento activo es un movimiento hacia el interior, y es querido por nosotros, por eso es activo. En él, no desaparece la reflexión, pero sí queda marginada. Es ahora la imaginación la que cobra la importancia. A través de ella, el orante cambia de dirección: se vuelve hacia el interior. Ahora, si ha de pensar o decir algo lo hará al Cristo que se imagina dentro de sí. Con esta técnica se quiere orientar la oración hacia un nivel más profundo. Se pretende, además, centrar más la atención en un punto, aminorando la divagación que puede venir como consecuencia de un pensar excesivo. Ya no habrá una reflexión de escenas evangélicas como realidades externas a nosotros; ahora toda imagen estará dentro de nuestro ámbito; ya no somos meros observadores, sino participantes en la escena que se ora.

La invitación aquí, para favorecer esta interioridad, es la de ir abandonando la reflexión, que siempre exterioriza. La oración, pues se simplifica; ha dejado de ser un discurso para convertirse en una visión: ya no hablo, sino miro; y miro que me miran. Es un lenguaje más de enamorados y más afectivo aun que el anterior.

Santa Teresa lo describe así: "No sabía cómo proceder en la oración, ni como recogerme, y así ... determinéne a seguir aquel camino con todas mis fuerzas... Procuraba lo más que podía traer a Jesucristo, nuestro bien y Señor, dentro de mí presente, y esta era mi manera de oración; si pensaba en algún paso, lo representaba en lo interior" (V. 4, 6-8)

sábado, 7 de julio de 2012

La contemplación


La entrada en el castillo interior que Santa Teresa nos propone sólo sucede, cuando hay un corazón humilde; lo cual, significa un corazón que nada retiene, que no está pensando en sí mismo,ni en sus éxitos, ni en sus fracasos, ni tan siquiera en sus debilidades físicas o psicológicas, ni en sus límites. Es el ser humano que se ha olvidado de sí mismo el que entra a beber de las aguas de la contemplación

La semana siguiente empezaremos a ver, con textos de la santa, el método que ella nos propone en el camino de la oración. Pero no podemos olvidar que Para Teresa, la contemplación, es "mística". Una experiencia de Dios. Y la experiencia de Dios no es algo que se pueda provocar. El que yo experimente esa presencia es un don de Dios. Es una irrupción de Dios que no puedo dejarde dudar que está en mi. La contemplación no se provoca con nuestras propias fuerzas, es un don, un regalo de Dios.

Para Teresa la contemplación es algo vital y existencial, no algo puramente intelectual. La contemplación es el anhelo profundo que existe en la persona humana. Todos tenemos sed de esta agua que es el amor de Dios. Por eso, yo os invito , Teresa nos invita, mejor dicho, a que tomemos conciencia de cual es nuestra sed, y que seamos conscientes de que nuestra sed sólo,  se sacia en Dios, y nada más que en Dios. El camino de la oración es un camino hacia la unión con Dios, donde nos saciamos con el agua viva.

jueves, 5 de julio de 2012

Actitudes prácticas de la oración


Acostumbrarse a soledad: la amistad necesita intimidad. No es soledad para aislarse, sino para encontrarse con Dios. La soledad ayuda a que se realice ese dinamismo para hacernos conscientes de esa presencia. Esa soledad nos ayuda a vivir esa presencia a lo largo de la jornada. No se puede olvidar tampoco la sentencia teresiano: "mal asunto si sólo en los rincones pudiéramos tener oración".

"Gran cosa son las letras para dar en todo luz" "buen letrado nunca me engaño". Para santa Teresa la espiritualidad ha de ser sólida. Ha de nacer de un encuentro con la Palabra de Dios, pero no sólo sensitivo, sino "en razón". Teresa nos invita a formarnos. Ella sufrió mucho la influencia de espirituales que sin mala intención la equivocaron en el camino. Cuando tenga que elegir entre una persona espiritual y una formada, elegirá la ciencia, sobretodo la ciencia de las Sagradas Escrituras. Nada de devociones "a bobas", sino una espiritualidad fuerte, donde el corazón y la mente van de la mano.

"No a todos lleva Dios por el mismo camino" El camino de cada persona es diferente. No podemos olvidar esto para no caer en el error. Santa Teresa nos eneseña, " que a quien le pareciere que va más bajo, puede ir muy alto a los ojos del Señor". Teresa presta mucha atención a la persona.No se sujeta a tópicos, ni a caminos trillados. Dios siempre sabe más en el camino personal de cada persona. Existe una gran divesidad de caminos y de personas. Lo valioso, es el servir, el amar. Ese es el camino auténtico. "Lo que más te lleve a amar, eso haced". El camino espiritual es que en nuestras situaciones concretas, estemos amando.. Ni activo, ni contemplatico, se trata de servir. En las septimas moradas, en la altura de la contemplación, Marta y María andan juntas.

"Dios no se da, sino a quien se da del todo" "erramos por no poner losojos en el verdadero camino" Hay que ser osados; este camino nos lleva a ser amios de Dios. Dios y yo lo podemos todo. Santa Teresa no quiere ánimos apocados,melancólicos.Nos invita a ser aventureos, correr riesgos, ¡¡¡hacer locuras!!!!

"Mirad que convida el Señor a todos" "No hagáis miedo, muráis de sed en este camino" "Nadie tiene escusa por ruín que sea" No hay que forzar a la persona. Basta con que uno se empeñe en lo que puede. Hacer lo que está en manos de uno. Cada uno ha de dar lo que es. Santa Teresa está convencida de que todos estamos llamados a la contemplación.

lunes, 2 de julio de 2012

Hacer presente a Cristo


El primer paso en la oración Teresiana es recogerse. Recogerse es hacer presente a Cristo en nuestro ahora. Para Teresa, Jesus no es un personage del pasado al que recordamos o imaginamos, sino que es un contemporáneo nuestro que se nos hace presente, que se viene a estar con nosotros, a acompañar nuestro camino de la vida.

El primer paso en la oración es buscar compañía, hacer presente a Cristo. Teresa no propone una oración piramidal donde Dios está arriba y yo abajo, sino una oración de amistad, donde los amigos se encuentran.

Teresa nos invita a entrar dentro de nosotros, donde tenemos tal huesped. Estemos dentro con Él. Puesto que Cristo está en mi, tenemos que centrar nuestro ser en esa presencia. Teresa tiene una visión tremendamente positiva del ser humano. Dios no deja nunca de estar presente en el hombre. Y esa presencia de Dios no depende de que yo sea bueno, sino que siempre está ahí. Esa presencia de Dios en mí es un regalo, es pura gratuidad.

Teresan invita al hombre a volver a Dios, pero no un Dios que está lejano en los Cielos, sino que invita al hombre a volver a su hogar. Pues la casa del hombnre es donde habita el Padre, y por eso la casa del hombre, mi casa, es la casa del Padre.

El interés por la persona que Teresa va descubriendo a lo largo de su vida, no la encierra en el individualismo. Frente a la tentación hoy tan presente de usar la oración como terapia antiestress, buscar la paz y la armonía perdida, Teresa está convencida que la persona de oración entra en este camino para servir a la comunidad. Pues Teresa va tomando conciencia de lo peligroso que es recorrer el camino de la oración en solitario.

Por eso, Teresa va a tomar conciencia de la necesidad de apoyarse los unos a los otros: "hacerse espaldas". Y en el camino de la oración va a señalar con especial interés el amor y la amistad. La oración necesaramiente para Teresa tiene que llevar a compartir. Pues una oración que no lleva a compartir es egocentrismo.

miércoles, 27 de junio de 2012

Pedagogía de la oración teresiana


Teresa es una mujer de una pedagogía y una experiencia muy simple. Ella parte de su propia experiencia para llevarnos a la experiencia de Dios.

Lo primero que hay que decir, es que Teresa de la oración como práctica, es decir, del tiempo concreto que dedicamos a la oración, habla muy poco. Para Teresa la oración es, e implica, un estilo de vida, de seguimiento de Jesús.

Su definición de la oración: "estar muchas veces a solas, tratando de amistad, con quien sabemos nos ama" Oración es saber lo que decimos; a quien se lo decimos, y a quien se le dice. En una época, donde Dios es la Soberana Majestad, trata a Dios como amigo, suena muy atrevido. La oración no es culto, sino trato. Pero no es un trato cualquiera, sino un trato de amistad: yo me entrego, y el otro, se me entrega. Porque hablamos de amistad implica un compartirlo todo. Es un trato entre iguales, porque no se puede dar amistad si hay subordinación.

¿Cuales son las necesidades de la amistad? La amistad implica continuidad, repetición. Que yo me encuentre con ese alguien muchas veces para que nazca la intimidad. No se trata de forzar la voluntad para que esté con esa persona, sino a enamorar la voluntad que me lleve a estar con Él, como "con el esposo, con el Padre, con el Amigo, con el Hermano". Todas estas palabras que usa Teresa para referirse a Cristo.

El  " a solas" de la definición es la intimidad para cultivar la amistad con quien sabemos nos ama. A veces se ha hablado en la oración de las fases ascéticas. Los místicos del Carmelo ponen como elemento fundamental el "con quien sabemos nos ama". Esto no implica en un primero momento que yo tengo que amar a Dios. Sino el descubrirnos amados por Dios. Se trata de descubrir algo que de por sí ya poseo y ya tengo. No se trata de algo que tengo que alcanzar ni de dar nada a Dios, sino de descubrir que Dios me ama.

Sólo en lo que la persona es, se puede descubrir querida. El éxito en el camino oracional es ir ahondando en ese amor que Dios me tiene. El proceso es tomar conciencia de que Dios me habita, de que Dios está presente en mi vida.

En el momento en que uno se descubre amado, mis fuerzas no van a llamar la atención del que me ama, sino que descubre la gratuidad. El recogerse en oración teresiano no es un acto pisoclógico para quedarse en paz, sino que apunta a tomar conciencia de una presencia. Caer en la cuenta de que Dios nos ama porque sí, gratuitamente.

lunes, 25 de junio de 2012

¡Oh noche que juntaste amado con amada!


Cuando Dios "hace desfallecer al alma a todo lo que no es Dios naturalmente" (II, 13, 11), cuando advierte que a través de sus propios razonamientos ni ideas, incluso las más espirituales, no puede llegar a Dios, y qué unicamente mediante una fe confiada y oscura puede agradar a Dios (II, 21, 4), entonces Dios que siempre estaba dispuesto y sólo buscaba el espacio libre, del que se han expulsado los falsos dioses, puede entrar en el alma con gran ternura y amorosa amistad (II, 7, 4).

Se puede entonces empezar a producir la creación de un hombre nuevo, cuyo germen había sido puesto en en bautismo. Este hombre se encuentra participando en Dios y lo ve todo con los ojos de Dios (II, 20, 5). Este hombre es capaz de cumplir de veras con el primer precepto que dice: "amarás a tu Dios de todo corazón, y de toda tu mente, y de toda tu alma, y de todas tus uerzas".

No estamos ante un fusión panteista o simbiótica de Dios con el hombre, sino ante una amistad en la que el hombre se hace tanto más libre e independiente cuanto más vive en comunión con Dios.

  En una noche oscura,
con ansias en amores inflamada,
(¡oh dichosa ventura!)
salí sin ser notada,
estando ya mi casa sosegada.              

  A oscuras y segura,
por la secreta escala disfrazada,
(¡oh dichosa ventura!)
a oscuras y en celada,
estando ya mi casa sosegada.   
              
  En la noche dichosa,
en secreto, que nadie me veía,
ni yo miraba cosa,
sin otra luz ni guía                             
sino la que en el corazón ardía.               

  Aquésta me guïaba
más cierta que la luz del mediodía,
adonde me esperaba
quien yo bien me sabía,
en parte donde nadie parecía.                  

  ¡Oh noche que me guiaste!,
¡oh noche amable más que el alborada!,
¡oh noche que juntaste
amado con amada,
amada en el amado transformada!

lunes, 18 de junio de 2012

Necesitamos la noche....


A veces la sequedad en la oración es una gracia. Pero otras veces, es el fruto de nuestra desidia. Es lo que los antiguos llamaban la tibieza. Tibio es esa persona que le da lo mismo una cosa que otra. Que ya no se esfuerza por vivir una vida conforme al Evangelio. Es aquel que la voluntad de Dios en su vida coincide peligrosamente con su propia voluntad. Es aquel que ya no busca, ni pide. Es un indeferentismo práctico, en la que la persona va perdiendo todo aliento en el servicio de Dios.

Hoy también podíamos traducir la tibieza por la llamada "religión a la carta". La persona ya no se tiene que convertir a Dios, sino que es Dios quien se debe convertir a lo que la persona espera de él. Y así Dios, se convierte en una idea, en "algo" que utilizamos para tapar nuestras carencias afectivas, mantener nuestra inmadurez psicológica, o superar los miedos que produce la fragilidad de la existencia.

San Juan de la Cruz, invita constantemente a entrar en el camino del asombro. Es decír, dejarnos seducir por un Dios que nos resulta "extraño", en el sentido que siempre es más grande, más amoroso, y más alto que lo que podamos entender de Él.

Pero entrar en el camino del asombro, lleva también la conversión, el cambio. Y este camino lleva a la noche, la oscuridad. Por eso, la "noche oscura" de la que habla san Juan de la Cruz es una gracia, porque nos abre las puertas a encontrarnos con el Dios vivo y verdadero. No es ya nuestra creación, ni la proyección de nuestras necesidades afectivas, o psicológicas, sinol a misma experiencia de Moises que tiene que descalzarse ante la zarza ardiente.

Por eso, san Juan de la CRuz, invita una y otra vez a la persona a desnudarse de sus imágenes de Dios, de sus conceptos, de todo aquello que en nuestra vida espiritual está impidiendo la manifestación del Dios vivo y verdadero.

Los cristianos de hoy, necesitan la noche, para ir dejando tantas cosas, que confunden con Dios. Para irse desprendiendo de todo aquello que hemos confundido con Dios, para abrirnos a la experiencia del encuentro de Aquel que nos llama  a una vida de comunión y de amistad con Él.

jueves, 14 de junio de 2012

Perseverar


Perseverancia, constancia, permanencia, "determinada determinación", se hace muy necesaria en la vida de oración. Es fácil experimentar a los principios luz y alegría en la oración. Hablamos al Señor con ternura y suavidad, y experimentamos en ello una gran consolación Por eso, la práctica de la oración no le resulta pesada, sino gratificante. ¿No será atraído sólo por el gusto y la paz que uno encuentra?

Pero a veves los conceptos se desvanecen, la mente se queda como en vacío, y la imaginación se torna a veces inquieta y turbulenta, añadiendo así el tormento de las distracciones. Parece que la florida primavera se ha convertido en un invierno oscuro e inclemente. Y así, día tras día, semana tras semana. Pero no te inquietes, sólo es la sequedad....

Por sequedad se entiende la supresión del consuelo que se experimenta frecuentemente en la vida espiritual; supresión que actúa sobretodo en la oración, la cual se hace oscura y fría.

No te preocupes demasiado. Hay que aguantar el chaparrón, las nubes y las posibles tormentas. Estás viviendo un proceso normal en la vida de oración. Es el exceso de la luz de Dios que ciega tu mente, pero porque hay demasiada luz. Y Dios es demasiado grande para que quede encerrado en tus conceptos y reflexiones.

San Juan de la Cruz insiste en la permanencia en la oración, aunque parezca que no hacemos nada. Esta "prueba" esconde una excelsa gracia, y este aparente retroceso esconde el llamamiento a una oración más profunda, más simple, más intuitiva que la multiplicidad de razonamientos y reflexiones.

martes, 12 de junio de 2012

Optar por Dios


En el camino cristiano, cuando uno se encuenta con Jesucristo, debe tomar una decisión de optar sólo por Dios. Y optar por Dios es optar por los valores del reino de Dios.

Santa Teresa pasó muchos años de su vida sufriendo hasta que tomó la "determinada determinación" de optar por Dios y sus caminos: "Por una parte me llamaba Dios; por otra yo seguía al mundo. Dábanme gran contento todas las cosas de Dios; teníanme atada las del mundo (Santa Teresa de Jesus, V 7, 17)". Así nos puede pasar a muchos de nosotros. Nos entusiasma el Evangelio, la persona de Jesús, pero no acabamos de entregar la vida.

La sociedad nos ha enseñdo que vivir en los valores del Reino(la justicia, la compasión, la entrega y el servicio a los últimos, la relación íntima y personal con Dios, la vida fraterna...) es perder la vida, despersonalizarnos, renunciar a nuestra felicidad. Los mísitcos nos hablan de lo que ellos han vivido. Una experiencia en la que cuanto más han abierto sus vidas a la acción de Dios, han encontrado su plena felicidad.

Para ser "espirituales de veras" como dice santa Teresa, tenemos que dar un paso franco en el deseo de Dios. Los místicos nos animan en este camino, describiéndonos el gozo y la plenitud que trae este dejar todo lo que no es Dios y entrar en la experiencia de una vida basada en la comunión con Dios.

Tenemos que esperar poseer a Dios, pues "tanto alcanza de Él cuanto la persona de Él espera" (II Noche 21,8).

viernes, 8 de junio de 2012

Desasimiento (IV)


Ya termino este tema del desasimiento dando una definición del desasimiento tal como lo propone san Juan de la Cruz: Desasirse es mirar a Jesús, fijar los ojos en Él. Es ponerse en el camino, siguiendo a Cristo; es decir, identificarse con Él, vivir con los sentimientos y actitudes de Jesús.

Aparentemente el seguimiento puede parecer una renuncia al propio ser para perderlo en Cristo. En realidad esta entrega tiene un secreto: la vida entregada por amor se encuentra en el mismo amor. Por eso san Juan de la Cruz propone al contemplativo un camino que parece, y es, muy arduo, y a veces puede echar para atrás. Pero el fin de ese camino en la comunión con Dios y con los hermanos. Cuando uno se acerca al Cántico Espiritual o a Llama de amor Viva donde Juan de la CRuz nos describe la donación total de Dios al hombre que le busca, uno se siente animado a entrar en este camino de encuentro con Él, a dejar nuestras pequeñas glorias y poderes, para entrar en ese camino llevado por el amor, y que culmina en el amor.

Por eso, el desprendimiento sólo no vale. Dar lo que se tiene, es el inicio. Pero lo decisivo es comprometer la vida. Si no tengo caridad; o sea, sino vivo la incondicionalidad del amor. Si el desprendimiento se convierte en una ley o en unas formas, pero no entrego mi corazón, entonces la ley y las formas no valen para nada. Lo peligroso de la vida cristiana, y la vida espiritual, es que podemos cumplir muchas cosas, sin despertar nunca a amar. San Juan de la Cruz nos invita al amor, pero al amor comprometido, que es el amor evangélico.

Termino ya este tema del desasimento con esta frase lapidaria de san Juan de la Cruz. Es una frase llena de compasión hacia las personas que se pasan la vida amando lo que no merece ser amado, aquello que nos esclaviza, que no nos deja ser personas. Y al mismo tiempo es una frase profética, de denuncia, que nos invita a levantar los ojos y el coazón a un amor sincero: "Oh almas criadas para esas grandezas y para ellas llamadas!, ¿qué hacéis?, ¿en qué os entretenéis? Vuestras pretensiones son bajezas y vuestras posesiones miserias. ¡Oh miserable ceguera de los ojos de vuestra alma, pues para tanta luz estáis ciegos y para tan grandes voces sordos, no viendo que, en tanto que buscáis grandezas y glorias, os quedáis miserables y bajos, de tantos bienes hechos ignorantes e indignos! " (C, 39,7)

martes, 5 de junio de 2012

Desasimiento (II)


Cuando habla del desasimiento, Juan de la Cruz no habla de no usar las cosas, sino del desapego. El que es rico, sea en bienes materiales o espirituales, está convencido de que no necesita de nadie ni de nada; su corazón está puesto en sus bienes, en esas riquezas encuentra la vida y por ellas la pierde; y así se imposibilita para poner su corazón en Dios.

El desasimiento que Juan nos propone es la pobreza evangélica. Las riquezas en sus dos vertientes (material y espiritual) no puede interponerse entre Dios y la persona. No puede constituir para el sujeto humano la garantía suprema y definitiva de su vida, porque eso sólo puedo serlo Dios.

La pobreza evangélica se convierte así en un modo de ser, de situarse ante la vida, ante Dios y ante los demás.

La riqueza impide la humildad, el situarse adecuadamente delante de Dios. El desasirnos de los bienes es una demostración fáctica, con hechos y no con palabras, que nuestros intereses no están en el dinero o el poder, que de verdad lo esperamos todo de Dios, y qué sólo en Él queremos poner nuestro corazón.

Por eso el contemplativo está llamado a desprenderse de sus bienes. A no poner su relación con Dios en sus logros espirituales o morales. Pero está llamado también a desprenderse de de sus poderes, "considerando a los demás como superiores a uno mismo", como nos recuerda Pablo.

Dinero y poder son las dos grandes pasiones del ser humano. Incluso a veces en la vida espiritual, se usa a Dios, para adquirir un poder muy sútil que es el poder de la buena conciencia, del juicio sobre los demás. Y no hay peor poder, que el poder religioso.

La riqueza y el poder son dos grandes ídolos de hoy y de siempre que seducen a toda persona, incluso a las más espirituales. Por eso, importa desde el principio dejar claro su caracter idolátrico, para así despejar el camino que nos permite entrar en la vía del seguimiento.

miércoles, 30 de mayo de 2012

Dejar a Dios ser Dios


No es sólo un juego de palabras. Hay una palabra muy querida entre los espirituales: abandono. Porque el creyente tiene el peligro de confundir sus aspiraciones con lo que Dios quiere. O lo que es peor. Podemos creer que Dios es lo que nosotros pensamos que es. O que dice lo que nosotros creemos que dice. Porque a veces los creyentes decimos y creemos cosas de Dios que no nos atreveríamos a decir ni creer de ninguna persona decente.

Por eso los místicos nos invitan a entrar en una relación con Dios en que él conduce nuestra vida. A dejar nuestra tierra y a nuestro dios, para entrar en una relación nueva, en una tierra nueva, donde Dios se manifiesta. Esa es la oscuridad Teresiana y la noche sanjuanista: encontrarnos con un Dios que nada tiene que ver con lo que nosotros esperábamos, porque es mucho más grande, más bueno y amoroso de lo que podíamos imaginar.En que entra en el camino espiritual tiene que estar dispuesto a dejarse sorprender por Dios.A dejar que el Dios de Jesús oscurezca nuestras falsas imágenes a veces tan dañinas, nuestras ideas a veces tan perversas sobre Dios, y nos encontremos con el Dios vivo y verdadero.

Abandonarse en Dios es no querer nada espiritual, ni siquiera cumplir la voluntad de Dios, que demasiadas veces coincide sospechosamente con nuestra voluntad, nuestros intereses... Abandonarse en Dios es no saber nada,ni siquiera darse cuenta de la acción de Dios en la persona; abandonarse en Dios es no tener nada, ni siquera un espacio en sí mismo donde Dios ha de obrar.

martes, 29 de mayo de 2012

Saciar nuestra sed en Dios


En un modo único y especial, la persona humana, hecha a imagen de Dios, aspira a la alegría, a la paz, al amor; en definitiva aspira a realizarse plenamente, a la felicidad.Todos experimentamos esa necesidad.

Los místicos del Carmelo al inicio del camino espiritual, quieren manifestar su experiencia más genuina, aquello que han vivido y experimentado: Dios es la fuente de la vida; separarse de esta fuente equivale a privarse de la plenitud y alegría. Es perder aquello que más profundamente nos caracteriza.

Por eso los místicos del Carmelo nos llevan a tener una relación de amistad, más bien esponsal con Dios. No hay servilismos, ni miedos, ni una reverencia llena de miedo. Los místicos del Carmelo nos adentran en una relación personal con Dios, una relación que nos revela nuestra identidad, y una relación donde la vida crece y se realiza en plenitud.

Los místicos nos llevan a tener una relación personal con Dios, que no es, sino una experiencia del amor de Dios por cada uno de nosotros. Este amor nos libera de tantas cosas que atan nuestra vida, y no permiten nuestra felicidad; este amor, no sólo creído sino vivido, nos lleva a amar a todos, incluso a los enemigos; y este amor abre nuestra vida a la donación, y a compartir este amor con los hermanos, sobretodo con los más pobres y en dificultad.

viernes, 25 de mayo de 2012

Mortificación


Estoy poniendo en estos últimos post, los preliminares que los místicos ponen para prepararnos al encuentro con Dios.

Los místicos hablan de la mortificación. Es una palabra muy denostada en la vida creyente en estos momentos. Quizá esto se debe a la mala utlización que se ha hecho durante muchos tiempo de este término.

Durante mucho tiempo he estado leyendo y profundizante en cómo entendían los mísiticos del carmelo la práctica de la mortificación. Y creo no equivocarme cuando la defino como : organizar la vida en función de la felicidad de los demás. Esto supone como es lógico, privarse de todo lo que yo sé que molesta a los otros. Y supone también hacer todo lo que yo sé que crea un buen ambiente: paz, sosiego, respeto ante el que piensa y vive de manera distinta a como yo pienso y vivo, atención a lo que agrada y desagrada a quienes viven cerca de mi, delicadeza con todos y el aguante necesario para soportar las invitables impertinencias que la convivencia nos presenta a todas horas. Todo esto es lo que exige la mortificación evangélica y que nos proponen los místicos del Carmelo para ir amoldando nuestro corazón a recibir el amor de Dios, dejarnos amar por Dios y por los hermanos, y también, como no, amar, con un amor comprometido que nada tiene que ver con ese amor etéreo que a veces profesamos...

miércoles, 23 de mayo de 2012

Dejarlo todo



Para ser contemplativos, san Juan de la Cruz nos habla de "salir de la afección de todas las cosas según su voluntad" y de "olvido de lo creado". Estas expresiones que se encuentran formuladas de diversas formas a lo largo de sus escritos han llevado a extremos de la "fuga mundi" o más en la actualidad a los más exarcebados rechazos hacia la doctrina sanjuanista.

Una lectura superficil puede hacer parecer al santo realmente inhumano. Pero detras de esas expresiones epocales hay una gran hondura evangélica. ¿Qué quiere decir el santo cuando habla de que hay que olvidar a las criaturas y no sujetar nuestra voluntad a ellas? Lo que el santo quiere evitar es lo que los antiguos llamaban el "amor desordenado". Es decir, atar el corazón de un modo que no es amar como Dios nos ama, es decir, gratuitamente.

A veces, amamos de una manera posesiva, no gratuita. Incluso convertimos a las personas en objetos de los que bajo apariencia de amor, las convertimos en posesiones. El santo quiere ayudarsnos a caminar por el amor evangélico, que es un amor libre, desinteresado. En que yo no busco mi bien, sino el del otro; mi felicidad sino la del otro. Y en esto poder encontrar nuestra propia felicidad.

También nos enseña el santo a no atarnos a nada ni a nadie. Es decir, la libertad.  A veces nuestras ideas, nuestras formas, nos atan de una manera que impiden el don de nosotros mismos. Sea en el servicio, en el trabajo, o en la misma familia. Nuestras cosas por encima de los demás. El santo nos enseña, que lo único necesario es el amor vivido en la donación total. Las cosas, la belleza, el placer, son dones de Dios para nuestro disfrute. Pero a veces terminamos siendo esclavos de esas cosas, fuente de profunda infelicidad.

Para ser cristiano, san Juan de la Cruz propone libertad interior y amor verdadero y comprometido. En estos dos términos, libertad y amor hay que enteder a san Jçuan de la Cruz cuando nos invita a desasirnos de las criaturas.

martes, 22 de mayo de 2012

Por qué no encontramos a Dios?


En el anterior post hablamos de la presencia de Dios en nosotros. Pero ¿Porqué no le encontramos? Porque  una persona que busca a Dios , no le basta sin embargo, saber donde ha de buscar a Dios; quiere algo más: quiere encontrarlo. Por eso san Juan de la Cruz, azuza con una pregunta: "Puesto que está en mí, ¿Cómo no le hallo ni le siento?"  Puesto que está en mí el que ama mi alma, ¿Cómo no le hallo ni le siento? La causa es porque está escondido, y tu no te escondes también para hallarle y sentirle. Porque el que ha de hallar una cosa escondida, tan a lo escondido y y hasta lo escondido donde ella está ha de entrar, y, cuando la halla, él también está escondido como ella. "(C. 1,9) ¿Porqué no revela Dios su presencia? El santo responde con todo un plan de conquista . Sí, Dios está en nosotros, es una realidad. Pero está escondido, oculto, bajo el cúmulo de nuestras preocupaciones que nada tienen que ver con el amor, que es el único camino por el que podemos encontrarnos con Dios. Vivimos la vida muy superficialmente, preocupadas por tantas cosas, y ocupados de tal manera, que nos hace olvidar esa vida más profunda que podríamos vivir, esa vida verdaderamente interior donde poder relacionarnos con Dios. Dios, nos espera, por así decirlo, en el fondo de nuestra alma. Pero nosotros no entramos en ese fondo, agarrados como estamnos a nuestros "negocios", a los que consagramos toda nuestra ilusión ¡Por eso no encontramos a Dios!!

Para hallarlo, habría que ir donde Él está y sustraernos para ello a esta inmersión en una vida centrada en nosotros mismos. Hay que esconderse como Él, huir de la vida superficial para entrar en la vida profunda, abandonar la cerca más exterior de nuestros intereses donde todo gira en torno a nuestro mezquino yo, para bajar al centro más profundo de la persona, donde esta aprende a convivir con su Dios: "Como quiera, pues; que tu Esposos amado es el tesoro escondido en el campo de tu alma, por el cual el sabio mercader, dió todas las cosas (Mt 13, 44), convendrá que para que tú le halles, olvidadas todas las tuyas y alejándote de todas las criaturas, te escondas en tu retrete interior del Espíritu (Mt. 6,6), y, cerrando la puerta sobre tí, es a saber, tu voluntad a todas las cosas, ores a tu Padre en escondido, y te deleitarás en escondido con Él" (C. 1,9) Seguiremos con el tema.....