viernes, 31 de agosto de 2012

3 Moradas (II)


En el castillo, las terceras moradas son un seguro de vida sólo si el morador de ellas deposita toda su confianza en Dios. Educarse en el arte de una confianza ilimitada en él es tarea de esta jornada espiritual. Sólo la ilimitada confianza en Él podrá salvarnos de la inestabilidad e inseguridad permanenete de uno mismo.

Castillo de GravensteenEl morador de las terceras moradas debe entrenarse en la tarea compleja de la generosidad, de cara a Dios y a los hermanos. No sólo ofrecer y ofrecerse, sino recuperarse de la humillación, del fracaso y de las incoherencias de la propia generosidad. Debe entrenarse en algo más dificil: en aceptar que Dios tome la iniciativa más allá de sus proyectos de generosidad.

La etapa que Teresa está describiendo corresponde a una especia de "adolescencia espiritual". El adolescente espiritual se cree muy seguro de sí mismo, de su propia fuerza, de sus actos, tiene la convicción (quizá oculta) de que la iniciativa le corresponde a uno mismo y Dios y su amor pasan inevitablemente a un segundo lugar. Esfuerzo, lucha y responsabilidad persisturán hasta la última jornada de la vida, hasta la morada postrera del castillo. Pero más allá de nuestros esfuerzos y proyectos, Dios tiene su quehacer en nosotros. Y generalmente se hace presente desbarantando nuestros últimos reductos.

En la óptica de santa Teresa, esta prueba de amor, tiene dos objetivos: evidenciar la precariedad de nuestros esfuerzos ascéticos; y pasarnos a otro ritmo de andadura espiritual. En última instancia, de lo que se trata, es que el secreto de nuestra vida cristiana consiste en abrirnos a la acción de Dios.

miércoles, 29 de agosto de 2012

3 Moradas (I)


¿Quienes viven en estas terceras moradas? Santa Teresa nos lo describe así: "son muy deseosas de no ofender a Su Majestad ni aun de los pecados veniales se guardan , y de hacer penitencia amigas, sus horas de recogimiento, gastan bien el tiempo, ejercítanse en obras de caridad con los prójimos, muy concertadas en su hablar y vestir y gobierno de casa, los que las tienen. Cierto, estado para desear y que, al parecer, no hay por qué se les niegue la entrada hasta la postrera morada ni se la negará el Señor, si ellos quieren, que linda disposición es para que las haga toda merced"(3M 1, 5).

Estas moradas es un periodo de prueba. El hombre de las terceras moradas tiene que pasar la "prueba del amor", liberadora de egoismos y de espejismos narcisistas en la vida espiritual. Ha de fijarse un programa de vida espiritual y de oración, y permanecer en él. Suele ser una persona con celo por llevar a tras personas al conocimiento y amistad con Jesucristo. Tienen sus tiempos de oración, y se dedican al servicio del prójimo en todo lo que tienen. Quizá el problema de estas personas es que son muy "concertadas", es decir, lo tienen todo demasiado planificado, y basan su vida espiritual no en la fe desnuda, sino en los gustos que encuentran en la oración y en una vida humana y espiritualmente ordenada. En estas terceras moradas sobrevienen la sequedaz y la aridez en la oración, es decir, el disgusto y la desgana en las cosas de Dios, que prueban la verdad de nuestro amor y aun de nuestra fe.

El cristiano de las terceras moradas tiene que someterse a misteriosos controles de autenticidad; de la misma manera que el pueblo de Israel fue probado en el desierto 40 años, para ver si permanecían fieles a la Alianza con Dios; o el joven rico que se debate en permanecer en sus riquezas o entrar en la gratuidad del Reino. En estas moradas se vive en riesgo permanente, el creyente tendrá que ir haciendo opciones, muchas veces dolorosas, y sólo apoyado por una fe desnuda, muchas veces sin consuelo. Uno no se fía de Dios, en un momento de consuelo, o de iluminación, sino sólo fiado en la Palabra de Dios, en la que dice que Dios siempre permanece fiel. Teresa nos propone dos personajes bíblicos como modelos: las dos figuras paradigmáticas son David y Salomón: uno, que supera el riesgo; otro que sucumbe en él. Así es el cristiano de las terceras moradas. En su horizonte está la aventura del desierto, para recuperar el primer amor con Yahvé. Pero también las cebollas y los ajos de Egipto lo llaman.

Teresa está convencida de que, en el fondo, todos tendremos que hacer la travesía de una experiencia similar a la suya. Experiencia agridulce de la propia fragilidad. Con alternativas de autosuficiencia e incoherencia. De espejsmos y humillaciones. De firmes determinaciones y dudas envolventes y totales. Es la experiencia de la propia inseguridad radical. Y la necesidad de descubrir la misericordia amorosa de Dios como única tabla de salvación.

lunes, 27 de agosto de 2012

2 Moradas (II)


¡PHN! “La lucha contra el pecado”Una característica principal de estas segundas moradas es la lucha, pero la lucha no es la última razón de la vida en esas moradas: se lucha para recuperar el equilibrio interior perdido, la armonia. Se lucha por la paz. El principiante ha de curarse en salud: no es fácil la vida en el castillo. Es decir, no es fácil vivir en cristiano. Por eso, su síntesis en las segundas moradas podría resumirse así: en el castillo se lucha. Lección que vale para el lector de hoy, tentado de comodidad, de soluciones rápidas y fáciles, de reducir la radicalidad del Evangelio a los cánones de un humanismo bonachón.

De haber podido recurrir a nuestr imaginería de hoy, Teresa nos hubiera hablado de nuestras dependencias psicológicas derivadas del alcohol, las droga, el culto al cuerpo, del control del pensamiento por los medios de comunicación, las ideologías que impiden el diálogo y la razón; o quizá sería el frenesí de la violencia de unos con otros, o del simple tributo del consumismo dominante. Cadenas que atenazan la libertad, amordazana  la persona, y no dejan a uno ser sí mismo.

Y esto porque el hombe  es a la vez dos cosas: hermosura y dignidad en su ser (belleza del castillo; luz y sombras, grandeza y miseria en su historia (vida del castillo). Pero el orden interior no es un presupuesto o un punto de partida. Será conquista cotidiana, morada tras morada, y meta definitiva en lo hondo del alma.

Consejos prácticos que nos da santa Teresa:

-No dejarse vencer.
- Tener grande determinación de seguir adelante.
- Ir  decididos a la batalla, y antes perder la vida, el descanso y todo...
-No tornar nunca atrás a las primeras moradas.
-No hay mejor arma que la Cruz.

domingo, 26 de agosto de 2012

Transverberación del corazón de Santa Teresa

El Extasis de Santa Teresa de Bernini
Hoy, 26 de Agosto el Carmelo Teresiano celebra la transverberación de santa Teresa; una gracia mística que no tiene otro significado, sino que el corazón de Teresa se ha fundido con el corazón de Dios. Es el cumplimiento de las Palabras de San Pablo: "no vivo yo, es Cristo quien vive en mí". Es el momento tan bellamente recreado por Bernini en la conocida escultura. Quitando lo aparatoso y externo de la descripción que hace Teresa, lo que se celebra hoy en Teresa es a lo que está llamado todo hombre, una comunión de amor con Dios, comunión de la que participa el alma y el cuerpo, pues como dice Juan de la Cruz, "para este fin de amor fuimos criados"



Relato de la Transverberación:
Quiso el Señor que viese aquí algunas veces esta visión: veía un ángel cabe mí hacia el lado izquierdo, en forma corporal, lo que no suelo ver sino por maravilla; aunque muchas veces se me representan ángeles, es sin verlos, sino como la visión pasada que dije primero. En esta visión quiso el Señor le viese así: no era grande, sino pequeño, hermoso mucho, el rostro tan encendido que parecía de los ángeles muy subidos que parecen todos se abrasan. Deben ser los que llaman querubines, que los nombres no me los dicen; mas bien veo que en el cielo hay tanta diferencia de unos ángeles a otros y de otros a otros, que no lo sabría decir. Veíale en las manos un dardo de oro largo, y al fin del hierro me parecía tener un poco de fuego. Este me parecía meter por el corazón algunas veces y que me llegaba a las entrañas. Al sacarle, me parecía las llevaba consigo, y me dejaba toda abrasada en amor grande de Dios. Era tan grande el dolor, que me hacía dar aquellos quejidos, y tan excesiva la suavidad que me pone este grandísimo dolor, que no hay desear que se quite, ni se contenta el alma con menos que Dios. No es dolor corporal sino espiritual, aunque no deja de participar el cuerpo algo, y aun harto. Es un requiebro tan suave que pasa entre el alma y Dios, que suplico yo a su bondad lo dé a gustar a quien pensare que miento”
Libro de la Vida, Cap 29, 13

Ya toda me entregué y di,
y de tal suerte he trocado,
que mi Amado es para mi,
y yo soy para mi Amado.
Cuando el dulce Cazador
me tiró y dejó rendida
en los brazos del amor,
mi alma quedó caída.
Y cobrando nueva vida,
de tal manera he trocado,
que es mi Amado para mí,
y yo soy para mi Amado.
Hierome con una flecha
enherbolada de amor,
y mi alma quedó hecha
una con su criador.
Yo ya no quiero otro amor,
pues a mi Dios me he entregado,
y mi Amado es para mí,
y yo soy para mi Amado.
Poesía Nº 3: Sobre aquellas palabras “dilectus meus mihi”

viernes, 24 de agosto de 2012

450 años de la fundación del Monasterio de san José de Ávila


Hoy se cumplen los 450 años de la fundación del convento de san José de Ávila. Después de muchas dificultades  Teresa da comienzo a un nuevo estilo de vida en "estrechura, pobreza y encerramiento", pero lleno de humismo cristiano, ermitaños en familia, formando una comunidad a modo de "pequeño colegio de Cristo", orando por los "defendedores de la Iglesia".
Con toda la Iglesia damos gracias a Dios, por este primer palomarcito teresiano, el primero y más querido de la santa madre, que conserva su espíritu y al que todos los carmelitas miramos con cariño y veneración. Es como ella dice" rinconcito de Dios; que yo creo lo es, y morada en que su majestad se deleita, como una vez estando en oración me dijo que era esta casa paraíso de su deleite"( V 35, 12)

Santa Teresa lo describe así en el libro de la vida: "Pues todo concertado, fue el Señor servido que, día de San Bartolomé, tomaron hábito algunas y se puso el Santísimo Sacramento, y con toda autoridad y fuerza quedó hecho nuestro monasterio del gloriosísimo padre nuestro San José, año de mil y quinientos y sesenta y dos. Estuve yo a darles el hábito, y otras dos monjas de nuestra casa misma, que acertaron a estar fuera. Como en ésta que se hizo el monasterio era la que estaba mi cuñado (que, como he dicho, la había él comprado por disimular mejor el negocio), con licencia estaba yo en ella, y no hacía cosa que no fuese con parecer de letrados, para no ir un punto contra obediencia. Y como veían ser muy provechoso para toda la Orden por muchas causas, que aunque iba con secreto y guardándome no lo supiesen mis prelados, me decían lo podía hacer.
Que es para mí grandísimo consuelo de verme aquí metida con almas tan desasidas. Su trato es entender cómo irán adelante en el servicio de Dios. La soledad es su consuelo, y pensar de ver a nadie que no sea para ayudarlas a encender más el amor de su Esposo, les es trabajo, aunque sean muy deudos; y así no viene nadie a esta casa, sino quien trata de esto, porque ni las contenta ni los contenta. No es su lenguaje otro sino hablar de Dios, y así no entienden ni las entiende sino quien habla el mismo.
Guardamos la Regla de nuestra Señora del Carmen, y cumplida ésta sin relajación, sino como la ordenó fray Hugo, Cardenal de Santa Sabina, que fue dada a 1248 años, en el año quinto del Pontificado del Papa Inocencio IV.
Me parece serán bien empleados todos los trabajos que se han pasado. Ahora, aunque tiene algún rigor, porque no se come jamás carne sin necesidad y ayuno de ocho meses y otras cosas, como se ve en la misma primera Regla, en muchas aun se les hace poco a las hermanas y guardan otras cosas que para cumplir ésta con más perfección nos han parecido necesarias. Y espero en el Señor ha de ir muy delante lo comenzado, como Su Majestad me lo ha dicho". (V 36, 5ss)

De este monasterio bendito, tan querido del que esto escribe, brotó la savia Teresiana; en este monasterio escribió Teresa y maduró el libro Camino de Perfección, ideario de la vocación carmelitana descalza, por eso, al Señor pido con Teresa: " que paréceme a mí que hará mucho mal y será muy castigado de Dios la que comenzaré a relajar la perfección que aquí el Señor ha comenzado y favorecido, para que se lleve con tanta suavidad; que ve muy bien es tolerable y se puede llevar con descanso; y el gran aparejo que hay para vivir siempre en él las que a solas quisieren gozar de su Esposo Cristo. Que esto es siempre lo que han de pretender, y solas con Él solo" (V 36, 29).




jueves, 23 de agosto de 2012

2 Moradas (I)


¿Quiénes están en estas segundas moradas? Teresa nos responde: " Es de los que han ya comenzado a tener oración y entendido lo que les importa no se quedar en las primeras moradas, mas no tienen aún determinación para dejar muchas veces de estar en ella, porque no dejan las ocasiones, que es harto peligro. Mas harta misericordia es que algún rato procuren huir de las culebras y cosas emponzoñosas, y entender que es bien dejarlas. Estos, en parte, tienen harto más trabajo que los primeros, aunque no tanto peligro, porque ya parece los entienden, y hay gran esperanza de que entrarán más adentro" (2M 1, 2)

En las segundas moradas se experimenta una etapa de lucha más fuerte. Y esto es porque persisten los dinamismos de desorden, introducidos en el castillo por la vida vivida fuera. Por eso, en estas moradas más que en las primeras al principiante le es necesaria una opción radical. Al mismo tiempo, si se es fiel a la oración se va progresivamente cogiendo gusto por la escucha de la Palabra de Dios,meditando la vida de Jesús, para hacerla nuestra.. También se experimentan como contraste del pecado, la alegría, libertad y determinación que da la vida en comunión con Dios. Son pequeños atisbos, pero que animan y dan consuelo en la lucha.

El castillo interior de Teresa es un símbolo ideal y real a la vez: símbolo de la interioridad del hombre, de la lucha por realizarse; y al mismo tiempo de su llamada a la trascendencia. Teresa se limita a descubrir en la interioridad de cada hombre la raiz de ese drama desgarrador de la guerra, que está instalado en la interioridad de la humanidad, en la entraña misma de la historia de los hombres.

Según Teresa no hay perspectivas de vida cristiana adulta ( y, menos, de mística, experiencia de Dios) para cobardes, cómodos, perezosos y blandengues. Ni para quienes entran en el castillo con el señuelo del idilio intimista, de esa espiritualidad ñoña y amundana, sin compromiso más que para cumplir unos ritos, que más tiene que ver con la estética que con el encuentro con Dios.

"Oh Señor mío!, aquí es menester vuestra ayuda, que sin ella no se puede hacer nada . Por vuestra misericordia no consintáis que esta alma sea engañada para dejar lo comenzado. Dadle luz para que vea cómo está en esto todo su bien, y para que se aparte de malas compañías; que grandísima cosa es tratar con los que tratan de esto; allegarse no sólo a los que viere en estos aposentos que él está, sino a los que entendiere que han entrado a los de más cerca; porque le será gran ayuda, y tanto los puede conversar, que le metan consigo. Siempre esté con aviso de no sedejar vencer; porque si el demonio le ve con una gran determinación de que antes perderá la vida y el descanso y todo lo que le ofrece que tornar a la pieza primera, muy más presto le dejará. Sea varón y no de los que se echaban a beber de bruces, cuando iban a la batalla, no me acuerdo con quién, sino que se determine que va a pelear con todos los demonios y que no hay mejores armas que las de la cruz" (2M 1, 6)

miércoles, 22 de agosto de 2012

1 Moradas (III)



Santa Teresa nos da unos consejos prácticos para acompañarnos en este camino hacía la morada más interior del Castillo, donde mora Dios.

Lo primero que nos dice es "poner los ojos en Cristo nuestro bien". Esta es la quintaesencia de su "Evangelio", y tiene que ser el "abc" del principiante. Y unido a esto "poner  a su bendita Madre por intercesora". No hacemos solos este camino, Jesús nos acompaña siempre en el camino de la oración, como modelo y como consolador. Teresa nos invita a comtemplar su vida, sus acciones para despertarnos a amar y para conocer el corazón del que habita en el Castillo interior, de Dios. Ver y contemplar la vida de Jesús para saberlo imitar en el amor.

Sata Teresa nos invita también al realismo en estos primeros pasos. A pesar de los buenos deseos fácilmente seremos vencidos. Las malas costumbres e inclinaciones, el egoismo fuertemente afincado en nosotros, son malos consejeros. Santa Teresa nos dice que "si ha comenzado ya la oración, no la deje","viniera lo que viniere, y pasare lo que pasare", pues por ella nos vendrá todos los bienes.

Pero también nos avisa que este camino nos es para espíritus mediocres y flojos. La oración es un camino de lucha y se necesita un temple y un espíritu combativo. Por eso, nos habla de la "determinada determinación" para seguir adelante.

Desde el principio es necesario tener muy en cuenta el ideal del camino y qué es la santidad: "la perfección verdadera es amor de Dios y del prójimo". Esto aunque parece obvio es muy importante tenerlo claro, porque el principiante suele quedarse en lo exterior, en las formas, aunque estas sean religiosas. Muchas veces una falsa espiritualidad, que no va a lo nuclear, al camino del Evangelio, esconde el miedo y la mediocridad, del cristiano que prefiere andarse por la ramas, entretenido en ideas, formas, e inciensos, sin atreverse por el camino del Evangelio, que es amor de Dios y del prójimo.