miércoles, 8 de agosto de 2012

Contemplar y comunicar lo contemplado


En el capítulo 20, del libro "Camino de Perfección", Teresa apremia a sus monjas a la práctica de la comunicación espiritual, algo que para entonces, en aquellos tiempos recios de sospecha ante cualquier cosa nueva, resultaba arriesgado y peligroso. Teresa, en cambio, les recuerda el sentido propio de una casa de experiencia: reunidas para "poder hablar en Dios" (con Él y de Él), es decir, para orar y comunicar. Teresa quiere una comunidad orante, pero no sólo de recitación orante, sino sobretodo de inducción a la experiencia: " Todas las personas que os trataren, hijas,habiendo disposición y alguna amistad, procurad quitarlas el miedo de comenzar tan gran bien (el de la oración); y, por amor de Dios, os pido que vuestro trato sea siempre ordenado a algún bien de quien hablareis, pues vuestra oración ha de  ser para provecho de las almas. Y puesto habéis siempre de pedir al Señor, mal parecería, hermanas, no procurarlo de todas las maneras. Vuestros deudos ya saben que sois religiosas y que vuestro trato es de oración. No se os ponga delante: "no quiero que me tengan por buena", porque es provecho o daño común el que en vos vieren. Y es gran mal a las que tanta obligación tienen de no hablar sino en Dios, como las monjas, les parezca bien disimulación en este caso, sino fuese alguna vez para más bien. este es vuestro trato y lenguaje; quien os quisiere tratar, depréndale... Si os tuvieren por groseras, poco va en ello; si por hipócritas, menos. Ganaréis de aquí que no os vea sino quien se entendiere por esta lengua" (CV 20, 3-6)

Teresa invita a hablar de Dios. Pero no en un lenguaje superficial de lo aprendido, sino del trato que con Él se tiene en la oración, y de todo aquello que la persona va recibiendo en el camino orante. Un contemplativo, ha de tener en su corazón el deseo de llevar a las otras personas el gran bien de la oración.

Santa Teresa era una gran comunicadora. Ella dice que un cosa es recibir una gracia, otra el entenderla y otra el poderla expresar. Por eso, ella, se propuso invitar con sus escritos a todas las personas a entrar en esa comunicación, más bien, comunión con el Dios de amor, que llenó su vida, y la plenificó.

El contemplativo, el orante, para Teresa no ha de ser nunca un ser huraño, encogido, poco amigo de tratar con los demás. Antes al contrario, para ella el contemplativo ha de andar "con una santa libertad", ni "encogidos" ni "apretado", y "ser afable y agradar y contentar a las personas que tratamos". Ella, a lo largo de sus escritos desenmascara esa espiritualidad " que encoge el ánimo y el ánima". Por eso, ella dice una y otra vez: " Así, hermanas, todo lo que pudiéseis sin ofensa de Dios, procurad ser afables y entender de manera con todas las personas que os trataren, que amen vuestra conversación y deseen vuestra manera de vivir y tratar, y no se atemoricen ni amedrenten de la virtud. A religiosas importa mucho esto: mientras más santas, mas conversables con sus hermanas, y aunque sintáis mucha pena sino van sus pláticas todas como vos las queríais hablar, nunca os extrañéis(canseis) de ellas, si queréis aprovechar y ser amada" (CV 41, 5-8)

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